Aquellos sonoros e históricos lodazales condicionaron el actual pastiche del reglamento de puertos, votado por la Comisión de Transportes del Parlamento el pasado lunes y que es producto de un marasmo escapista en el que no se sabe dónde acaba el eufemismo y dónde empieza la demagogia. Son conocedores perfectamente del posibilismo que atenaza a las instituciones comunitarias y, al tiempo, no hace falta que les explique esa teoría por la cual Europa ha sido incapaz de aprobar una directiva de liberalización de los servicios portuarios y, a su vez, pretende la regulación por la vía de un instrumento menor como el reglamento que no se atreve a legislar sobre los servicios portuarios más esenciales, como la estiba o el practicaje, sencillamente por que son demasiado "importantes y cruciales".Si no cupieron en una directiva ni tienen tampoco cabida en un reglamento, qué opinan, ¿que realmente es una cuestión de encaje y unos y otros deben seguir teniendo crédito para perseverar en la búsqueda de fórmulas legislativas mágicas que permitan alumbrar una política común en materia, por ejemplo, de estiba? ¿No será acaso que la Europa acomplejada no tiene ni pretende tener coraje ni coherencia para afrontar por derecho y de cara la política común de servicios portuarios? ¿Y no será además que ni los prestatarios de los servicios ni los trabajadores tienen interés alguno ni en que se legisle ni menos que sea de forma común e igualitaria para todos los países? Pretenderán que les aplaudamos por seguir mareando la perdiz en las mesas de diálogo social, pero lo cierto es que visto que el diálogo se utiliza torticeramente y que el poder legislativo es una jaula de grillos donde son tantos los intereses particulares en materia portuaria que es imposible el consenso, tocará rendirse al poder ejecutivo y sobre todo al poder judicial, guste o no guste, y ya podrán arder los puertos y volver a reventarse los cristales del Parlamento Europeo, algo con lo que, en nada, algunos se van a dar el gustazo de amenazarnos. No lo duden. Diría que lo están deseando.Pero ya les digo que esto es la cortina de humo, pues la madre del cordero es la transparencia en la gestión portuaria, ámbito plagado de líneas rojas, como bien se escuchó el lunes en la Comisión de Transportes del Parlamento Europeo.En España también las tenemos, por supuesto. Ahí está el tema de quién debe fijar las tasas, una cuestión que ya hemos analizado ampliamente pero que resulta francamente histriónica si al final resulta que es la espita por la que puede colarse una reforma en España de hondo calado a tramitar por el nuevo Gobierno.¿En qué sentido? En el de ese nuevo Gobierno. ¿Cuál? Analicemos hoy la opción PSOE-Podemos-PNV y demás morrena. Si dejamos a un lado a Pablo Iglesias, ya que el "único" ministerio que no se ha pedido es el de Fomento, tendríamos al PSOE por un lado, que quiere menos puertos de interés general y fusionar autoridades portuarias y, por otro, al PNV, que quiere fusionar los puertos de Pasajes y Bilbao y la cesión de su gestión al País Vasco. Qué, encaja, ¿verdad? No lo descarten como uno de los atajos si logran un pacto de Gobierno.