Menú
Suscripción

Propósitos y despropósitos

Como cada año, algunos se pasan estos días visando y revisando deseos y nuevos propósitos. Somos inútiles hasta para hacer propósitos. Por eso se publican en los medios instrucciones para echarnos una mano en algo, al parecer, tan complicado como hacer la lista de nuevos deseos. Que ya ni eso sabemos hacer.

  • Última actualización
    28 septiembre 2018 23:25

Dejarnos llevar por la corriente, eso es lo nuestro. Si nos encienden la luz, comemos, como los pollos. Si nos la apagan, a dormir, tengamos sueño o no, tengamos hambre o no, nos guste el alpiste o no. A nosotros, como a los pollos, ni falta nos hace la cabeza para vivir. Decidir, coger el timón, mandar nosotros de nuestra vida... qué pereza. Que decidan otros, que para eso está el jefe, que para eso voto, que para eso me bauticé. Y, claro, así nos va. Aún sabiendo de la dificultad extrema que tiene eso de desear algo, de hacer propósitos de mejora, algunos se lanzan a ello, a pecho descubierto, como los indios. Observamos entonces que los deseos van directamente al cielo o al limbo sin pasar por nosotros, que ya sabemos que ahí hay atasco. Que nos toque la lotería, que ganemos la Copa de Europa, que nos hagan directores generales, o generales sin más. Pero, eso sí, sin comprar ni un décimo, con el equipo en tercera local, sin trabajo y sin haber hecho la mili. El propósito que deberíamos marcarnos, antes que ningún otro, sería el de pelear con los despropósitos. Luchar contra lo que hacen y hacemos mal. Con que cada cual cumpla su papel, su compromiso, su trabajo, su responsabilidad, lo demás vendría casi solo. En nuestro sector podríamos empezar por llegar a tiempo a nuestro trabajo, hacerlo lo mejor que sepamos, colaborar, ayudar, sonreír, respetar... Expulsar, con rotundidad, con violencia incluso, como a un grano, a quien venga a tocarnos las narices, a entorpecer el progreso, a pensar en su nevera y no en la de todos. Con no permitir que nadie se salte los parámetros básicos, iríamos todos infinitamente mejor. Actualmente los deseos pasan por tener la pasta de fulano y el coche de mengano. Aprender a hacer los negocios con el resultado que consigue Pepito, y el protagonismo que alcanza Manolito. Miramos hacia fuera, hacia el resultado, hacia el fin, sin echar un mero vistazo a los medios usados. Queremos ser Fernando Alonso sin habernos sacado el carnet de conducir. Queremos ganar la pasta del ladrón, sin que nos pillen, no sin robar. La única forma de que las cosas mejoren es analizar los medios y el fin, por ese orden. Lo que nos hemos de pedir a nosotros y lo que luego pediremos a los demás. En las más de las ocasiones, cuando las cosas no nos salen bien, cuando algo va mal, la explicación, si queremos verla, está en algo que deberíamos haber hecho de otra forma. Echarle la culpa al cha-cha-chá es lo más socorrido, tanto como rezarle a Papa Noel y hacerle la pelota a los Reyes Magos. Tan fácil, cómodo, reconfortante, ilusionante y esperanzador, como totalmente inútil. Aún así, seguimos con ese sistema, con esa fórmula. Nuestra parte del trato, según nosotros, ya está hecha, y dejando los calcetines en la ventana esperamos que otros traigan la carga. Y no estaría mal, si no fuera porque ni siquiera tenemos la delicadeza de dejar calcetines en condiciones. Sucios y con más agujeros que los del presidente del Banco Mundial. Así, es normal que ya no nos quepa en la despensa, ni más carbón ni más oscuridad. Les dejo, que voy a escribir mi carta a los Reyes, a ver si el equipo de fútbol de mi Alcolea de Calatrava gana este año la Champions.