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Estrategia y agilidad

Es muy importante, en todos los aspectos, ser flexible, adaptable, ágil. Pero hasta un punto. Hay límites que debemos establecer nosotros mismos, para luego no atravesarlos. Conceptos y creencias sagrado

  • Última actualización
    28 septiembre 2018 23:26

Personas y actitudes que apoyaremos y otras que siempre despreciaremos. Con eso se configura una personalidad, un carácter propio, una forma de ser que acaba siendo nuestro principal valor. En las empresas y en las personas, mantener una línea de actuación propia es algo muy recomendable. Elegir muy bien hacia dónde vamos y cómo vamos es imprescindible para vivir más allá de los resultados a corto plazo. Tratar a las personas siempre igual, exactamente como creamos que se merecen, independientemente de su cargo y de la facturación que nos da o le damos. Establecer una estrategia de empresa meditada y firme, para matizarla cuando haga falta, pero sin dar bandazos en función de los demás. Los resultados, con esa línea de trabajo, pueden ser buenos o malos, pero la tranquilidad que otorga el ser fiel a uno mismo, compensa de todo lo demás. Uno puede fijarse en la competencia y analizar no sólo qué consigue, sino cómo lo consigue. Y determinar a continuación si quiere hacer las cosas así, si sabe y si le compensará a largo plazo. El análisis ha de revisarse cada poco tiempo. Digo todo esto hoy, a punto de cerrar 2013, porque el año que viene se nos antoja como marcadamente examinador de estrategias y actitudes en los grandes puertos españoles. Vamos a vivir un nuevo reparto de cartas, en el que los mejores jugadores van a salir ganando a medio o largo plazo, por encima de la suerte puntual y caprichosa. Está barajándose de nuevo la distribución de la actividad en los grandes puertos. Hay una nueva oportunidad de progreso o fracaso para varios de ellos. Mucho de lo que ocurra en las tendencias de tráfico de los próximos meses va a ser la consecuencia directa de la forma de actuar de los últimos años, una eclosión de resultados de las últimas siembras. Cuando se ha apostado mucho a detalles concretos, a navieras determinadas, a personas específicas, el riesgo es mayor que si nos apoyamos en una estrategia meditada, sólida, de futuro. Los atajos y el corto plazo, el parcheo, puede dar, no lo niego, resultados extraordinarios, pero fatuos. Cambian de puerto las tendencias de las estadísticas de movimiento de mercancías. Los que subían bajan, los que languidecían reviven y toman protagonismo nuevos enclaves. Los puertos que tengan ajustados los costes por autoexigencia de su propio guión, no por presión de una naviera o de un operador, los que tengan trazado un sistema válido de interlocución, una colectivo portuario real, una estrategia, al fin, definida, con personalidad, podrá mover la cintura con tanta agilidad como firmeza. Tan mala es la rigidez como el cambio caprichoso. Los grandes puertos han de seguir apostando, o empezar a apostar por la consabida flexibilidad, pero sin olvidar nunca su personalidad, estrategia y... grandeza. Hay que escuchar y tener en cuenta al mercado, por supuesto. Pero escucharlo de pie. De rodillas es mucho más difícil ser ágil y resulta casi imposible hacer recorridos a largo plazo. Al fin y al cabo el corto plazo sólo es bueno para los delincuentes, los malos toreros y los políticos.