Por mis compañeros de otras zonas del país, sé que las reuniones más o menos lúdico festivas de las distintas comunidades logísticas que campan por España no son tan habituales como en Catalunya. Y luego dirán que somos tacaños y sosos pero lo cierto es que a festejos profesionales, sea Navidad o no, no nos gana nadie. Y qué quieren que les diga. Que me parece muy bien.Puede haber gente que lo critique, que lo vea como un gasto absurdo, como una pérdida de tiempo, como algo que no vale la pena. Pero les diré una cosa: cada vez que asisto a actos como, por ejemplo, el cóctel de Navidad de la comunidad portuaria de Barcelona, compruebo por mí misma que este tipo de celebraciones unen. Transitarios competidores entre sí, consignatarios que representan a navieras que luchan por ganar un cliente en las mismas rutas, empresas estibadoras que pelean por los mismos tráficos, agentes de aduanas que desearían tener el cliente que tiene el de al lado, transportistas que anhelan la carga de su competidor... Todos están en allí. Y todos departiendo de forma amigable y, como no podía ser de otra manera, haciendo negocios. Porque este tipo de reuniones son un marco inmejorable para tender lazos tanto con clientes, o posibles clientes, como con empresas competidoras que, por qué no, pueden pasar a ser aliadas en algún proyecto en beneficio mutuo.Este año, el cóctel de Navidad de la comunidad portuaria de Barcelona, celebrado la semana pasada, volvió a ser un ejemplo de que muchos profesionales logísticos reman en una misma dirección: la de salir todos de esta crisis.Es cierto, como no puede ser de otra manera, que cada uno mira por sus intereses y por los de su empresa. Pero también lo es, o al menos me lo parece a mí, que cada vez la gente tiene más claro que es más fácil tirar hacia adelante si todos movemos el carro en el mismo sentido.Así lo dijeron en público los presidentes de las diferentes asociaciones de la comunidad logística que tomaron la palabra el pasado martes en esta celebración. Pero así lo piensan también muchos de los profesionales que estaban allí escuchando. La crisis debería habernos enseñado muchas cosas pero, quizás, la lección más importante de todas debería ser que la unión hace la fuerza. Así que, en aquellos sitios donde no lo hagan, busquen alguna excusa para reunir a sus respectivas comunidades logísticas para promover la interrelación entre sus miembros. Ya verán como, al menos, pasarán un buen rato entre colegas.