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Mayor Principal

Dicen los manuales del buen periodista que uno no puede ir a un sitio y volver sin una noticia. Yo estuve ayer en Fomento, acompañado únicamente por el fotógrafo del Ministerio, en el enésimo acto logístico de relevancia liquidado con una convocatoria de cobertura de “sólo gráficos” y el café para todos de la nota de prensa (por cierto, no nos quejemos luego de que nadie se hace eco de la Estrategia Logística cuando las cosas se venden de esta “pobre” manera), pero no me fui con la manos vacías.

  • Última actualización
    28 septiembre 2018 23:30

Me vine con la historia de Santiago Alonso López, esa institución ministerial que ayer me comentó que en julio de 2014 dejará la función pública después de 55 años de vida laboral.Todo aquel que alguna vez haya estado en el Ministerio de Fomento sabe quien es Santiago Alonso, tal vez no por su nombre, pero sí, sin duda, por su ubicación, en el hall de la planta tercera, en la puerta que da acceso al pasillo del Gabinete de la Ministra; y sobre todo por su presencia, su traje azul oscuro, los inmensos y lustrosos galones dorados en las mangas de su levita, su puñado de insignias del escudo de España y de la Casa Real en las solapas, su poblado y extenso bigote, sus gafas de quita y pon y sus ademanes prestos y solícitos.Santiago Alonso López, paradigma de la diligencia, Portero Mayor Principal, tal y como reza en el cartel que preside su pupitre clásico de frente ovalado, posición privilegiada otorgada al deber cumplido y a la larga trayectoria.Nunca antes había tenido una charla extensa con Santiago. Ni siquiera lo fue la de ayer, mientras esperaba a que me dieran paso para hacer la fotografía a la firma del acuerdo entre Adif y Feique. Eso sí, fue suficiente para que Santiago, sin que yo preguntara, me contara presto que el reloj laboral ha iniciado la cuenta atrás y que el año que viene, tras cumplir 70 años, pondrá fin a su dilatada trayectoria de servicio en el Ministerio, después de que comenzara a trabajar con 14 años.Se nota que Santiago tenía ganas de contarlo. ¿Quién no las tendría? Año 1959. Ministerio de Hacienda. Recuerda la ropa que llevaba al primer día, los comentarios de aquellos a quienes se puso a cargo y los de su madre que les recordaba que cómo iba a tener ropa adecuada si apenas era un niño.Luego Santiago pasó al Ministerio de Vivienda, hasta 1973, cuando se fusionaron las competencias de Vivienda con Obras Públicas, ya no abandonando jamás el Ministerio que hoy se denomina Fomento. Precisamente este año ha cumplido Santiago 40 años en la casa: “Sin que jamás nadie me haya tenido que llamar la atención por nada”, recuerda con orgullo quien ejerce una de las labores más evidentes y más básicas, pero a veces también más olvidadas en este mundo, que es la de la buena educación.Cualquier avezado plumilla adivinaría a la primera que Santiago es carne de cañón para un reportaje, para un libro, para una enciclopedia de historia y curiosidades, pero se adelanta a todos y dice con humor: “No sería fácil. El que quiera escribir algo tiene que saber hacerme preguntas sobre cosas de hace 55 años y para eso no todo el mundo vale”. El recuerdo más vívido que tengo de Santiago es del 3 de octubre de 2000. Aún quedaban muchas horas para los Acuerdo del 4 de octubre entre CNCT y Fomento y las negociaciones, con la prensa en la puerta, seguían de madrugada. Sobre la 01:00 hubo un receso y Santiago penetró en aquella reconcentrada sala con sendos aerosoles de ambientador. Arriba y abajo, sin dejar de apretar, los vació. Quién puede negar que ayudó a “despejar” la negociación.Santiago, don Santiago, mucha suerte y muchas gracias.