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Pon tus sueños a navegar

En alguna otra ocasión ya hemos reflexionado juntos sobre el bombardeo continuo al que nos someten para llevarnos al más cruel de los engaños: Eso de que nuestro destino, nuestro bienestar, nuestra felicidad, está en manos de la lotería o de un buen novio o novia.

  • Última actualización
    28 septiembre 2018 23:32

Esa idea nos lleva a concluir que nuestra vida depende de otras cosas, de otras personas; de nuestros políticos, de nuestros equipos de fútbol, de nuestros jefes, de nuestros estibadores... Si queremos conseguir algo y no podemos, siempre es porque no nos ha tocado la lotería o porque otros lo hacen tan mal que no dejan brillar nuestra excelencia. Esa idea de que la solución es ajena a nosotros la tenemos tan arraigada dentro porque es un inmenso negocio. Si nuestro progreso y nuestra felicidad fuera cosa nuestra y estuviera, como está realmente, en nuestras manos, no tendríamos que... comprarla. Esa es la clave, la pasión con la que nos inculcan que hemos de comprar soluciones externas. Nos venden frasquitos de colonia con voces extranjeras ligeramente gangosas (¿qué les pasará en la boca?), con las que un novio divino nos llama constantemente rogando que le dejemos... hacernos felices. O con la que distintas señoritas de insuperable aspecto se matan por alegrarnos el día. O eso o, ya saben "si sueñas... lotería", o, superándonos, "ya llegó la Navidad... pon tus sueños a jugar". Poner los sueños en un bombo es como esperar que otros solucionen los problemas en los muelles, empezar la casa por el tejado. Ver qué está en nuestra mano, siempre es un buen comienzo. Se pueden hacer cosas, sin jugar la lotería, sin esperar a que te venga un novio que miccione colonia a rescatarte de tu sobrepeso y tu mini sueldo. Puede uno, por ejemplo, pasar los últimos cuatro años, los más económicamente duros de la historia reciente de España, lamentándose porque otros no se bajan su sueldo, porque otros no te suben el tuyo, o porque tu número no sale del bombo. O también puede pasarlos navegando por mares infinitos, rodeado de delfines y ballenas, reflexionando con tu mejor amigo sobre el sentido de la vida, saboreando cada día del placer infinito de la salida y la puesta de sol. No es que lo segundo lo pueda ni lo deba hacer todo el mundo, si no que no podemos olvidar que ese caso existe. El domingo, Enrique Fenollosa, antaño máximo responsable de Infoport Valencia, socio del Propeller Club de Valencia, regresa, a las 11.30, si los dioses del mar quieren, al Club Náutico de Valencia. Cuatro años después, tras sortear muchas más dificultades de las previstas, Kike concluye su propia opción. Miren por dónde puede que sea él, junto con su compañero de aventuras, José Carlos Corral, los únicos españoles que, durante los últimos cuatro años han llevado el timón de su destino. Le ha costado apostarlo todo a un sueño, a una idea, sin comprar ni un décimo de lotería ni invertir en una gota de colonia milagrosa. Los demás nos quedamos aquí, con concreta envidia en unos casos, y con admiración en otras. También los hay que han deseado que todo le hubiera ido muy mal, para quedarse tranquilos en su elección de que otros nos piloten la vida. Hay, ahí tienen el ejemplo, cosas que se pueden hacer, cosas que están en nuestra mano. Coger el timón es posible. Siempre es preferible pilotar nuestro destino y poner proa a las dificultades, antes que fiarlo todo a una bola de lotería, dejando además que otros manejen el bombo.