Podemos pasarnos meses debatiendo si el P3 traerá más o menos TEUs o si el G6 pasará a ser G10 para lanzar un contragolpe. También podemos quedarnos sentados esperando a que las autoridades "anti-trust" se manifiesten, a que el tribunal de Luxemburgo diga "¿hola qué tal?" o podemos confiar en el imán de la ubicación geoestratégica y en las eternas necesidades de la carga local... pero nos estamos confundiendo a la hora de enfocar el debate.Excepto en el caso de Algeciras, estratégicamente posicionado y readaptado para ejercer de hub transoceánico de transbordo en cualquiera de los consorcios navieros, la mayor parte de los puertos españoles se enfrenta a un drama de grandes proporciones si no son capaces de adaptarse a las nuevas exigencias de las navieras. Y esas "nuevas" exigencias son conocidas por todos.No es una amenaza (no soy quien), se trata de una forma de afrontar la realidad pisando el suelo y dejando al margen triunfos del pasado conseguidos con métodos que ahora ya no son válidos.Estamos hablando de caídas de tráfico insostenibles, de plantillas sobredimensionadas y comunidades logístico-portuarias profundamente afectadas incapaces de remontar.Por si alguien tiene la tentación, tranquilos que ya me lo digo yo otra vez: soy un agorero y seguramente estaré equivocado. Lo sé, pero alguien tendrá que pensar en estas cosas, digo yo.Por cierto, en un sector tan endogámico como el nuestro quizás, de vez en cuando, conviene que entre algo de aire fresco capaz de recordarnos que, ni sabemos más que nadie ni lo tenemos todo aprendido.La llegada de Xavier Martorell a la Sociedad de Estiba del Puerto de Valencia (adelantada por este Diario el pasado 2 de diciembre) ha generado decenas de comentarios en toda la España portuaria motivados por su pasado profesional.Pocos, muy pocos de esos comentarios, han servido para elogiar su bagaje o para reconocer que, tal vez, se ha acertado con su contratación y que su perfil bien podría encajar en este mundillo nuestro tan particular y "viejuno" para muchas cosas. Dejemos trabajar.Sea como sea, tomen buena nota en toda España porque lo que suceda en la estiba del Puerto de Valencia en los próximos meses marcará sin duda el camino a seguir en el resto del país.