Sí, Catalá no es Fernanda Lima, la garota de Porto Alegre que también se coló en mi casa un par de días antes durante el sorteo del Mundial de Brasil 2014, pero ya que el secretario de Estado estaba en mi casa tampoco era cosa de despacharle con que se fuera a la suya. Porque quien realmente estaba en casa de Rafael Catalá era yo. Siempre y cuando a un despacho del Ministerio de Fomento se le pueda llamar casa y sin olvidar que, en todo caso, sus propietarios somos todos. Ustedes y yo. Y Catalá, su inquilino temporal.El caso es que Rafael Catalá se presentó anoche en mi casa pixelado en High Definition en el programa de televisión “Salvados” de La Sexta que presenta Jordi Évole y uno no puede sino felicitarse porque responsables de la cosa pública abran las puertas de sus despachos a la televisión, a los contribuyentes, y se sometan al escrutinio público, que en el caso de “Salvados” es una difícil prueba. Jordi Évole (el “Follonero” de Buenafuente) no es toro de fácil lidia, menos aún en asuntos relacionados con las infraestructuras, el despilfarro de recursos públicos y la corrupción, que ha convertido en hilos conductores del programa. En estos tiempos, exponer ante la opinión pública lo mal que funcionan o lo poco transparentes que son determinadas instituciones, resulta muy atractivo para una sociedad hastiada de ser señalada como culpable de los desmanes ajenos. Y ahí, la televisión corre el riesgo de convertirse en un ruidoso circo romano en el que políticos y representantes institucionales son arrojados a la arena mediática para ser devorados y calmar así el descontento popular. Armado de ironía, lógica y un lenguaje sencillo, respaldado por una labor de documentación previa y, sobre todo, con un trato respetuoso al entrevistado, Jordi Évole ha logrado demostrar que no hay preguntas impertinentes sino entrevistados sin argumentos. No fue esa la sensación, sin embargo, que dio Rafael Catalá anoche en “Salvados”, a pesar de que el catálogo de desmanes perpetrados en España por unos y por otros, aquí y allá, en el capítulo de infraestructuras y de los que Évole rescató unos cuantos ejemplos, tenía difícil justificación.El secretario de Estado de Infraestructuras esquivó como pudo las incómodas preguntas de Jordi Évole y reconoció que hay cosas que no se han hecho bien en España. “Ha habido una política de inversiones en aeropuertos por encima de las necesidades”. “Somos conscientes de que los costes de la alta velocidad que se han hecho han sido disparatados en muchos casos”, dijo Catalá, si bien situó cada cosa en su contexto. Y citó a Muñoz Molina (“Todo lo que era sólido ha dejado de serlo”) para justificar que “en aquel momento así lo parecía”.Como colofón a la entrevista, Évole muestra la imagen de 14 políticos inaugurando una rotonda en Granada. “Es una práctica política habitual pensar que invertir en infraestructuras merece el reconocimiento de los ciudadanos”, dijo Catalá. En el programa de RNE “Asuntos propios”, mi admirado Toni Garrido solía repetir: “Esto es la radio; lo demás, o ruido o silencio”. Así las cosas, entre el silencio y la callada por respuesta propia de muchos políticos, y el ruido de 14 políticos apiñados en una rotonda con tal de salir en la foto, me quedo con la radio, que en el caso de la televisión equivaldría aquí a “Salvados”, su análisis sosegado, sus preguntas incisivas y sus políticos dispuestos a enfrentarse a ellas.