no sólo en el mes de diciembre, sino en los previos, cuando se registra un notable incremento en el número de contenedores que entran por los puertos, así como de la actividad de almacenaje.En pleno auge del comercio eléctronico y más aún en estas fechas de consumo desbocado, la logística de la última milla adquiere un protagonismo estelar, especialmente en las áreas urbanas, lo que frecuentemente implica la utilización de medios de transporte poco respetuosos con el medioambiente. Por otra parte, para la mayor parte de los consumidores, su experiencia logística se limita no sólo a la última milla sino al último metro; a abrir la puerta al repartidor de la compañía courier que le hace entrega de la mercancía que ha adquirido on-line tan solo unas horas antes. Así de simple. Y no parece que esto vaya a cambiar sustancialmente. ¿O tal vez sí?Lo que sí sabemos es que el futuro es incierto y pleno de interrogantes aunque hay quien trata de anticiparse a él. La multinacional DHL acudió en 2010 al HPI School of Design Thinking de Postdam (Alemania), para que éste desarrollara un nuevo concepto de distribución urbana de última milla basado en principios de sostenibilidad. Así es como surgió el proyecto “Bring Buddy” que aprovecha las tendencias sociales en beneficio de una logística sostenible.Lo que el proyecto proponía era convertir a los ciudadanos (voluntarios) en repartidores. Deutsche Post DHL diseñó un plan para explorar las posibilidades de mejora de sus servicios de distribución y ayudar al mismo tiempo a proteger el medioambiente a través de “Bring Buddy”, una web social que facilitaría que particulares realicen en sus desplazamientos urbanos entregas de paquetería a lo largo del trayecto. La iniciativa, que fijaba un período de prueba de varios meses, estaba destinada a aligerar el tráfico urbano y reducir las emisiones de CO2, ayudando a DHL a alcanzar su objetivo de reducir el impacto de la huella de carbono en un 30% en 2020.Según el proyecto, los “repartidores voluntarios” tendrían una aplicación móvil con la información de los paquetes a entregar en su ruta y seleccionarían aquellas entregas que desearan realizar. Sus terminales móviles recibirían códigos con la ubicación de las terminales donde recoger los paquetes a entregar y las compañías logísticas serían responsables de supervisar las operaciones y las transacciones para asegurar que la privacidad de los envíos no es violada. Obviamente, este bienintencionado proyecto basado en una utopía de logística social y colaborativa, a modo de “crowdsourcing” logístico de la última milla, suscitaba demasiados recelos acerca de la seguridad y responsabilidad sobre las mercancías, que según DHL debían ser resueltas. La iniciativa se lanzó en 2010 y no parece que haya cuajado a tenor de la ausencia de informaciones posteriores. Yo, qué quieren que les diga... Prefiero que al abrir la puerta de mi casa para recibir un paquete me encuentre enfrente al repartidor de DHL con su uniforme corporativo, que al amigo jubilado de mi padre, al marido de la peluquera o a un completo desconocido. Dejemos la logística en manos de profesionales. Desde la primera hasta la última milla.