Además, antes de aterrizar en el sector, ya teníamos vida en otros sectores, en otras experiencias. Esa distancia mínima nos permite darnos cuenta concreta de que a veces a los debates y discusiones de este sector, a las negociaciones de convenios, a las huelgas, a los enfados, les falta algo o mucho de perspectiva. Me acuerdo, en esto también, de mi santa madre. Cuando nos quejábamos por algo nos decía aquello de "una guerra os daba yo", así nos quería inculcar, lo entendí luego, que se puede y se debe pelear porque las cosas sean mejores, sin olvidar que también pueden ser mucho peores. Y es que la visión focalizada, esa que impera en nuestro mundo logístico, acaba generando distorsión, como ocurre siempre que miramos fijamente a un punto y sólo a un punto. Si además, los que nos rodean están mirando también a un punto, poco nos van a ayudar a ver las cosas bien, y mucho menos a recuperar la imprescindible visión panorámica. La raíz del problema, como en muchos otros casos, está en los aduladores y en los intereses entrecruzados. Cuando hay consecuencias de por medio nadie nos dice la verdad. Y el sector está plagado de consecuencias. Cuando tu interlocutor no es tu cliente es tu jefe, y cuando no, tu "principal" (bonita palabra) o tu proveedor. Por definición, pocas veces estamos ante un verdadero y real amigo, el único espécimen que puede, a veces, hacernos el favor de ser sinceros con nosotros. Con todo eso, la distorsión está garantizada. Tanto clasismo, tanta jerarquía, tantos intereses, tanto de todo, lleva a crear auténticas taras mentales. Esperpentos que pueden llegar a creerse que mean mejor que nadie. El sector está acercándose al ojo del huracán de la tormenta perfecta, a base de dar vueltas frenéticas sobre el propio ombligo. A base de ausencia de comunicación total y sincera. Todos, incluso quizás yo mismo, usamos demasiadas palabras altisonantes, cuando las cosas se ponen feas. No es malo usarlas siempre que se haga con cabeza, como herramienta para conseguir lo que todos queremos: vivir en paz, lo mejor que podamos. Habida cuenta de que, que yo sepa, nadie mea mejor que nadie y nadie tiene cuernecitos ni rabo rojo, bueno será, que en todos los muchos frentes abiertos, metamos una dosis de comunicación limpia y sigamos disfrutando en paz del privilegio de trabajar en este sector. Mucha o casi toda la explicación del éxito está en la suerte. Al igual que la felicidad es en buena parte genética. Así que, si uno trabaja en la estiba o en la consignación, en una autoridad portuaria o, incluso, en una transitaria, piense que si es un "triunfador" en muchas ocasiones lo es por haber estado en el sitio adecuado en el momento oportuno. O porque su padre ya se dedicaba a ello. Cuidar toda esa suerte es prácticamente el único objetivo de todos. Nadie es divino de la muerte por trabajar en logística. Sencillamente, ha tenido la inmensa suerte de caer en este sector, en el que sólo se les pide, en muchos casos, no cargarla. Con sinceridad no es tan difícil. Como mi madre diría, más o menos... qué hartito me tenéis. ¡Otro sector os daba yo!