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Elogio del Muelle

Primero se fueron los barcos. Con ellos, los marineros y los estibadores. Y después se llevaron las grúas. Todas menos una, de añil y teja decolorados, que aún eleva su pluma en el aire, rasgando el cielo de Zorroza, tan plomizo esta mañana de noviembre como el barrio;

  • Última actualización
    28 septiembre 2018 23:44

tan gris como los cúmulos que, fundiéndose con el humo que sale a borbotones de la chimenea de la fábrica cercana, lo envuelven todo. Desde la Punta de Zorrozaurre, ese finisterre local en el que la Villa muere y la Ría se parte en dos, contemplo la última grúa del Muelle de Zorroza y su silueta reflejada en el agua como si de una jirafa en un zoológico se tratara. Algo de eso hay. En la forma y en el fondo. Porque la última grúa de Zorroza, una vez abandonada la actividad en el muelle, sobrevivirá. Aunque sea en cautividad, como la jirafa en el zoológico.“Zorroza conservará su última grúa”. Es una de esas informaciones que apenas da para un breve en la prensa especializada pero que ocuparía la portada a cinco columnas en el periódico del barrio. Así titulaba la pasada semana la Autoridad Portuaria de Bilbao la nota de prensa en la que informaba del acuerdo alcanzado con la empresa Servicios Logísticos Portuarios (SLP) para adquirir la última grúa en servicio de Zorroza, una vez que finalice su vida útil, para su posterior transmisión al Ayuntamiento de Bilbao, atendiendo así la petición de los vecinos del Muelle de Zorroza, y en su nombre del propio Ayuntamiento, para que se mantenga en el futuro dicha grúa como un valor cultural.El barrio bilbaíno de Zorroza no olvida su pasado portuario, que permanecerá vivo no solo a través del testimonio de sus vecinos o de la última grúa. En un parque de este barrio el Ayuntamiento de Bilbao, a petición de los grupos vecinales, instaló hace años un monolito en el que se puede leer un texto escrito en 1963 por el poeta bilbaíno Gabriel Aresti, fallecido en 1975 y que el pasado mes de octubre hubiera cumplido 80 años. Aresti,  que estudió peritaje mercantil y trabajó como contable en varias empresas de transporte del Puerto de Bilbao, conocía muy bien el mundo portuario y quiso rendir un sentido homenaje a sus trabajadores. En la placa sobre la piedra se puede leer el texto escrito en euskera y que bajo el título “Zorrotzako Portuan Aldarrika” ( “Maldiciendo en el Puerto de Zorroza”) trata sobre la injusticia y el ser humano, encarnado en dos trabajadores del Muelle de Zorroza, uno vasco, el otro inmigrante. Maldiciendo en el  Muelle de Zorroza

El barco alemán ha atracado en Zorroza.

Trae cemento, en sacos de cien kilos.

Mientras tanto

estaban Anton y Gilen

con la sierra

tronzando un tronco.

Con cuerdas…

No hay cables…

Tira que tira,

ahora Anton,

luego Gilen,

cuándo me moriré, Gilen.

Aquí en euskara,

y allí en castellano.

Juraban.

Porque la injusticia no es políglota

y trata igual

al castellano

y al vasco.

Tomé las medidas del tronco.

Se me mojaban los cristales (mi madre por la noche llegó a pensar que me había caído a la ría). Y dije:

Siempre me pondré

al lado del hombre.

Anton.

Gilen.