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Impuestos paradójicos

Dicen los historiadores que grandes revoluciones las desataron subidas de impuestos, lo que en el fondo significa que el pueblo estallaba cuando ponían en riesgo su pan. Es curioso que en la actualidad ese riesgo es evidente, los impuestos siguen subiendo y los bolsillos están más tiesos que nunca... Pero aquí casi nadie se levanta.

  • Última actualización
    28 septiembre 2018 23:55

En Madrid, por ejemplo, en pleno estallido de la crisis el alcalde Gallardón se sacó de la manga la tasa de basuras. Cuatro años después, qué cosas, Madrid está más sucia que nunca. Mientras no pagábamos un duro específico para basuras todo estaba impoluto y, ahora que pagamos, la mierda se acumula. “Nos hemos acostumbrado a un nivel de limpieza muy alto”, dice en tono de “relaxing” la alcaldesa, como si fuéramos caprichosos. Pues eso, mañana los niños, cuando vayan al colegio, que se vuelvan a poner el polo con los dos lamparones de tomate frito y nada de quitarse de la nariz todos los mocos. Les dejaré pegados un par, no sea que se me acostumbren a un nivel de limpieza elevado.Lo del céntimo sanitario es igual. Resulta que pagábamos religiosamente nuestros impuestos y la sanidad parecía que mejoraba en España. De repente, se inventaron lo del impuesto para financiar la sanidad, comenzamos a pagar de forma específica por ello y, bingo, desde entonces todo está fatal. Ah, ¿que es por la crisis? Pues nada, viva la excusa oficial.El tema del céntimo sanitario -lo escribo así, sin comillas ni aparatajes de coloquialidad, pues lo eufemístico y tramposo no es llamar a algo por su tipología (céntimo) y finalidad (financiar la Sanidad) sino inventarse una pantalla para camuflar el sablazo y su supuesto destino con la denominación de Impuesto sobre Ventas Minoristas de Determinados Hidrocarburos (IVMDH)- es aún más sangrante porque es discriminatorio y no guarda ninguna proporcionalidad. Mientras que la tasa de basuras se le cobra a cada domicilio, como generador de desechos, en una relación lógica entre hogar, emisión y recogida de residuos, en el tema del céntimo sanitario, por obra y gracia de no sé qué justificación argumental, se convierte a los consumidores de combustible en financiadores de la sanidad y cuanto más consumes más financias, como si el diésel impactara directamente en el gasto/día de una cama hospitalaria.Con todo, lo peor de este impuesto, repito, falto de cualquier proporcionalidad y discriminatorio en su valor esencial, es que además otorga a las comunidades autónomas la capacidad discrecional de aplicarlo, o no; si se aplica, de poder fijar a su antojo dentro de un baremo máximo la cantidad del gravamen; y, para colmo, de poder decidir si los transportistas profesionales deben pagarlo o se les devuelve la cantidad y por qué vía.El resultado es que la metodología de aplicación ha venido generando una grave distorsión en el mercado del transporte de mercancías por carretera en España, con graves diferencias que se han venido atenuando con la progresiva tendencia, aún no general, de devolver el céntimo sanitario, algo que ahora ha acordado por ejemplo Madrid.Estos días está el asunto de actualidad porque después de que la Comisión Europea considerara en 2008 el céntimo sanitario ilegal, tras la negativa española entonces a modificar la legislación y después de que se presentara denuncia ante el Tribunal de Justicia de la UE, todo parece indicar que nos van a condenar.Probablemente los transportistas que en su día reclamaron lograrán que se les devuelva el impuesto cobrado de forma ilegal. Puede que un buen pellizco para algunos pero tarde, muy tarde. Mientras, los ciudadanos de a pie, núcleo esencial de lo recaudado, no veremos ni las telarañas. Ya es tarde para protestar.