No coincidían en nada, salvo en lo mal que habíamos estado en el dominio de dos cosas: el inglés y la corrupción. Me llamó la atención de forma especial el lamento que se hacía de lo mal que se había movido nuestra delegación con los volubles miembros del COI, lo poco y mal que les habíamos sobornado, los malos corruptores que habíamos resultado ser. Yo debo ser muy raro, que sí, pero de verdad que me hubiera gustado que se hablara de qué debíamos haber hecho mejor nosotros, nuestra candidatura, en lugar de cómo debíamos haber tratado a éste o a aquel miembro. Prefiero felicitar a mi equipo por el trabajo realizado, antes de que el cliente dé su visto bueno o no. Autoexaminarse ferozmente, tener la idea de que ya no lo podemos hacer mejor, es el objetivo de cualquier empresa, equipo de fútbol, delegación olímpica, persona o puerto que se precie. Defender que lo primero que importa es que nos elijan, que ganemos el partido como sea, no lleva más que a la perversión del sistema de trabajo, por la sencilla razón de que todo no depende de nosotros. Centrarnos en lo que dependa de nosotros es lo único que debemos hacer, con todo nuestro esfuerzo, con todos nuestros recursos. Por ejemplo, entiendo el placer absoluto que experimentan los aficionados del Athletic de Bilbao, porque ganan cada año que respetan el modelo elegido. Independientemente de si la pelota da en el larguero o en la red. En los puertos deberíamos aprender a construir equipo y modelo de trabajo, sólidos, sin fisuras, independientemente del cliente o del rival. Hacer las cosas lo mejor posible, al mejor precio, buscando la competitividad extrema, nos daría tranquilidad y eliminaría crispación. Se puede ir una naviera, una línea de navegación, un barco... Si hemos hecho todo lo posible, todo lo que esté en nuestra mano... Nos quedaremos tan panchos. El camino de la excelencia es jodidamente duro y largo. Podemos coger atajos y darle cera a un sindicalista o de rompernos el lomo a base de reverenciar a un naviero... Servirá, en ocasiones; pero el hambre para mañana está garantizada. Si los atajos fueran buenos no existirían los caminos. Este país adora los atajos y así nos va. La línea de trabajo no puede ser ponernos hoy a adorar a esta naviera y cenar mañana con este líder sindical para que maquillen unas estadísticas o parcheen un problema y nos salven el culo un rato. Trabajar cada día, todos, en la misma línea de la productividad y la competitividad, con total seriedad, nos haría sentirnos totalmente tranquilos y orgullosos de nuestro trabajo. No nos pondríamos nerviosos cuando los miembros del COI o de una alianza de navieras vinieran a examinarnos. Sólo deberíamos aprendernos una frase, en varios idiomas quizás: "Esto es lo que hay. No podemos hacerlo mejor ni a mejor precio". Juguemos a gestión empresarial, no al póker. Sobre todo porque somos profesionales y empresarios, no tahúres ni trileros. Sea cual sea el nivel de actividad, hemos perdido si no somos capaces de repetir que no podemos, de verdad, hacerlo mejor, ni a mejor precio... ahora. No vale dejar de fumar cuando te has muerto.