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Aingeru

Considerar a la empresa como un núcleo familiar, o casi, puede ser uno de los pilares más sólidos en los que apoyar la recuperación.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 00:02

Tampoco tenemos tantos. Lo han dejado todo como un solar. Se hace más necesario que nunca defender, en los pequeños, medianos o grandes núcleos productivos la antorcha de la honestidad y la ética contra todos y todo. No podemos influir en las macromagnitudes ni en los torpes y/o maleantes que nos dirigen la vida. Volvamos pues a lo que está en nuestra mano. Hacer mejor la vida de la gente que tenemos en nuestro entorno inmediato. Esa es la forma de comenzar a cambiar las cosas. Eso es lo que es rotundamente exigible a todos y cada uno de nosotros. Pensar si con nosotros nuestra gente, nuestros amigos, nuestra familia, nuestros compañeros, viven mejor o peor. Aingeru Egaña, compañero del alma, falleció ayer, como del rayo, de golpe. Sin permiso ni despedida. Con la misma rotundidad con la que devoró la vida y con la misma fuerza con la que hizo mejor la de todos los compañeros de Grupo Diario. Era y estaba el martes, el miércoles no. Así de sencillo, así de terrible. Sólo tenemos los recuerdos del pasado y los sueños del futuro. Recuerdos y sueños, en el equipo de esta empresa, te van a seguir perteneciendo por mucho tiempo porque alcanzaste la nota máxima que se le puede pedir a una persona: hacías mejor nuestra vida. Vasco de alma por los cuatro costados, la forma de vivir y de contagiar vida no nos producía más que alegría, optimismo y vitalidad. Qué placer haberte tenido cerca, querido Aingeru. Nada va a ser igual sin tu saludo de cada mañana a nuestros suscriptores. El vacío que dejas en tu familia lo entendemos y lo lloramos porque aquí, en esta otra familia de Diario del Puerto y del sector logístico de Bilbao, también estás dejando un hueco inmenso. Tan grande como tu traicionada pasión por la vida. No saldrás en la tele ni te harán un funeral de estado ni falta que te hace. Pero nosotros sabemos que la esencia de cómo deberían ser las cosas está en personas como tú. En tu actitud vital, en como compartías la inmensa vitalidad que atesorabas, a pesar de todo y todos. Tú has colaborado especialmente en que sigamos trabajando duro cada día. Tu forma afrontar las cosas nos contagiaba ánimos en la batalla para seguir adelante. Pensar que bajar los brazos podía suponer que gente como tú perdiera su puesto de trabajo nos multiplicaba el ánimo y nos ayudaba a sacar fuerzas de donde fuera. Seguir cerca de ti, aunque te viéramos de tarde en tarde, era un motivo contundente para seguir adelante. Aingeru, ya sabes que todo el mundo piensa, hoy más que nunca, que el "éxito" pasa por la cuenta de resultados. Pero pocas veces me sentía más alto que cuando echaba una risas contigo. Un lujo y una bendición. Charlar del Athletic, de Euskadi, del sector, de tus gentes y tus cosas, siempre fue un preciado placer, no sólo por esos temas, sino por la contundencia vital que eras capaz de dar a cosas tan inmateriales, pero a la vez, y quizás por eso, tan rotundamente importantes. Eras un triunfador porque entendías como pocos la vida. Y nos hacías entenderla algo más a los demás. Me duele todo al pensar que no volveremos a "tomarnos la espuela, ahí va la ostia". Y es que cada vez estoy más convencido de que pocas cosas hay más importantes que vivir momentos así, con personas como tú.