Ahora bien, en cuanto al logo en sí mismo, seguro que podría decir lo mismo, pero añadiría frialdad y casi me atrevería a decir que cierta indiferencia, porque sin caer en lo corriente y vulgar a mí me deja bastante igual.Lejos de innovar, la nueva imagen de Iberia repite los cánones de disposición, de elementos e incluso de formas de la imagen de gran parte de las aerolíneas a nivel mundial. A este respecto, por ejemplo, su similitud desde estos parámetros con el logo de British Airways es evidente, si bien lo justificaría su pertenencia al mismo grupo. No así que sea más parecido aún al logo de Air France, o que el conjunto invite por ejemplo a pensar inevitablemente en Avianca o, como algún periodista llegó a señalar ayer en la presentación, a Qantas. Por si esto fuera poco, el volumen que se le ha querido dar a las letras, supongo que en busca de movimiento e incluso de similitud con la curvatura y panza de un avión, más bien inspiran deformidad.En conjunto, creo que los diseñadores o no han querido o no han podido al final arriesgar.En todo caso, lo más trascendente de la nueva imagen de Iberia es su reforzada apuesta por los colores de la bandera de España en una estrategia que los responsables de la compañía se encargaron ayer de airear con insistencia y profusión extrema.No parece que vivamos tiempos propicios para hacer gala de españolidad y casi me atrevería a decir que de ninguna nacionalidad. Tampoco estamos acostumbrados a que en el mundo empresarial los símbolos patrios se integren con normalidad y como un arma que puede aportar. Antes bien, vivimos en tiempos en los que si de algo estamos seguros es de que identificarse en exceso con de dónde uno es, lo que puede generar en el mercado es rechazo.Nada debería reprocharse, en todo caso, a estos efluvios de sentimiento nacional, que en el caso de Iberia, como en el de cualquier otra compañía, a buen seguro que también genera adhesiones, simpatía y afinidad.En cualquier caso, como aquí estamos hablando de empresas, no puedo evitar pensar que antes que determinadas convicciones, lo que hay son estrategias y que más allá de lo que sienta o transpire Iberia, apostar por España tiene una finalidad esencial.No es casual la insistencia de Iberia como embajadora de España, de Iberia como encarnación del talento y el empuje de España, de Iberia como el lugar en donde uno comienza a vivir la experiencia “España”, de Iberia como cauce para ofrecer “lo mejor de España”, del primer avión con la nueva imagen bautizado con el nombre del Rey de España, del mantenimiento en el fuselaje de la corona del Reino de España, España y más España. Todo ayer fue España.Pero qué quieren que les diga, “mira de qué presumes y te diré de qué careces”, máxime cuando la nueva estrategia de la compañía es una respuesta al absoluto convencimiento de la Administración y de la sociedad de que Iberia es menos España que nunca, de que Iberia es cada vez más Gran Bretaña.Y estupendo que Iberia quiera seguir siendo España, pero lo que hace falta son menos floripondios y banderas y más llenar de rutas intercontinentales Barajas. Eso sí que es desarrollar un país y no disfrazarse de rojo y gualda.