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Rompiendo el hielo

¿Se imaginan que un buque, cargadito de mercancías asiáticas, atraviesa el Ártico y llega al norte de Europa, a nuestros hermanos ricos a los que todo el mundo quiere vender sus productos, en tiempo récord? ¿Se imaginan que gracias a esa ruta se reduce el consumo de combustible y, vaya qué casualidad, los costes? Pues imaginen a corto plazo porque ya hay algunas navieras que estudian seriamente las formas de que sea una realidad (COSCO hizo este verano su viaje de prueba entre Dalian y Rotterdam). Eso sí, no se emocionen, no será antes de 15 ó 20 años. Así lo aseguró hace unos días Nils Andersen, CEO de AP Møller-Maersk al Financial Times.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 00:04

Está claro que la ruta glaciar se presenta como alternativa a las actuales, es cuestión de física y de tener los ojos abiertos mirando un mapa mundi. El globo terráqueo es el que es y, aunque Julio Verne aventurara en 1864 la posibilidad de viajar al centro de la tierra -conexiones con las antípodas a golpe de perforadora-, las rutas marítimas están más que trazadas del punto A al punto B. Por eso, cuando toca buscar la manera de agilizar las rutas, mejorar los tiempos de tránsito y los costes, sólo queda la solución ártica. Pero, y no hablo desde un punto de vista mediterráneo, que tendrá narices que montemos el Corredor Mediterráneo para que las mercancías lleguen al norte de Europa a través del hielo en 15 años, sino desde el puro coste. Como bien dice el CEO del grupo danés, no es sólo coger un barco y ponerte a navegar. Hay problemas logísticos como ver cómo rompes el hielo, garantizar la seguridad de la tripulación y la mercancía asegurándose de no quedar bloqueado entre el hielo o no chocar con un iceberg. Y para lograrlo harán falta buques preparados, con nuevas tecnologías y maquinaria. Mucho dinero para ponerlo encima de la mesa ya, ¿no? Además, ¿la reducción en la factura del combustible será mayor que el coste de actualizar los buques? porque, no es cuestión de dar servicio sólo en verano, ¿no?Además, las rutas marítimas del Ártico tendrán poco impacto en la industria del transporte marítimo si toda esa inversión no se recupera en un plazo razonable, para lo que será impepinable que los clientes, dueños del mercado (no lo olviden, sin nada que mover poco hará la naviera más avispada), se crean la ruta.Está claro que ya no habrá que batallar ni temer a piratas pero, ¿qué opinan los seguros de la nueva ruta? ¿Qué costará romper el hielo? ¿Habrá un servicio de emergencias preparado para asistir a los buques ante posibles incidencias? ¿De quién/qué país dependerá? ¿Qué mercancías preferirán esta ruta? ¿El petróleo y gas que predice Rusia? Demasiadas incógnitas para que todo se produzca en un futuro cercano. Por otro lado, y llámenme loca, ¿no sería preferible impedir a toda costa que esta ruta fuera navegable? El deshielo, la aparición de vías navegables en el Polo Norte, hasta ahora imposibles, no debería ser celebrada. El calentamiento global, la masiva emisión de CO2 a la atmósfera, ha provocado la "nueva oportunidad de negocio" pero, en conciencia les digo que sería mucho mejor poder zanjar la discusión rápidamente con un: no a la ruta ártica. Argumentar que la ruta reducirá días de navegación y la contaminación de la actividad marítima es capcioso y malicioso. ¿Por qué no hablar de las consecuencias de la navegación constante en ese ecosistema? Decir sólo medias verdades no es la solución. Seamos sinceros antes de poner en marcha un proyecto por el simple hecho de que podemos. No seamos tan soberbios.