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La estiba ya es flexible

No tiene criterio sobre el Acuerdo Marco y desconoce quién interpuso la denuncia ante Bruselas del modelo de estiba español. No, no. No se equivoquen. No estoy hablando del último conserje de Puertos del Estado, sino de José Llorca, el mismísimo presidente de esta entidad, convertida hoy ya definitivamente en una rémora incapaz de dar respuestas adecuadas a los verdaderos protagonistas de un sector tan estratégico para la economía de un país como es el nuestro. Aunque claro, hay algo para lo que sí tiene criterio, y en eso tampoco demuestra una gran originalidad.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 00:10

“La estiba debe ser mucho más flexible: los costes en los puertos españoles son caros”, dice Llorca, cargando las tintas precisamente sobre quien sostiene todo el entramado, el trabajador. Se trata de una visión miope e impropia de alguien con semejante nivel de responsabilidad, puesto que pretende aplicar recetas más propias del siglo XIX –recortemos el salario a los trabajadores- que de una economía del siglo XXI. Porque si de flexibilidad se trata, los estibadores podemos estar orgullosos de ser uno de los pocos colectivos que hemos sabido adaptarnos a todas –y reitero, todas– las necesidades que nos han ido planteando las empresas, tanto en horarios como en composición de equipos de trabajo, dando muestras de una probada profesionalidad que ha permitido a las empresas estibadoras seguir expandiéndose e incrementar, dicho sea de paso, sus cuentas de beneficios.No resulta comprensible que se defiendan, en aras de la modernidad, concesiones de hasta… ¡50 años! De acuerdo que la esperanza de vida ha aumentado, pero ¿50 años de tiempo para explotar una terminal y, además, sin necesidad de aportar nuevas inversiones? Eso es un disparate. No sólo porque nos retrotrae a una economía más autárquica que contemporánea, sino porque nos conduciría directamente a unos puertos anquilosados, sin inversiones, estáticos… y eso, en el mundo de hoy, es un pasaporte directo a un destino llamado fracaso. No, las concesiones deben estar vinculadas a otros aspectos mucho más dinámicos: resultados, inversiones, planes de expansión, vinculación con la comunidad portuaria y sus ciudades, programas de formación de los trabajadores y de prevención de riesgos laborales, responsabilidad social corporativa… ¿Ha pensado en todo ello, señor Llorca? No, claro. Resulta palmario.Como uno es de los que piensan que aún queda vida inteligente en el Ministerio de Fomento, creo que es de esperar que algún asesor informado pueda recordar al señor Llorca que los salarios de los estibadores están directamente vinculados a su productividad, que durante años hemos ido reduciendo nuestra masa salarial hasta casi un 30% y que en la inmensa mayoría de puertos hace años que se ha producido una pérdida neta de puestos de trabajo. Si los puertos encarecen sus facturas habría que preguntarse también si incrementar la burocracia, tal y como plantea OPPE, va a contribuir a su ahorro. Todos los puertos que crecen lo hacen a partir de simplificar sus trámites burocráticos, uno de los grandes agujeros negros de nuestro sistema, no incrementándolos.Es una lástima la actitud del presidente Llorca. Las relaciones laborales deben basarse en el dinamismo y los resultados. Lo contrario también es desmoralizante para el trabajador. Coordinadora siempre ha defendido el compromiso con el trabajo, el saber estar “a pie de poza”. Ahora bien, eso sólo se logra escuchando a los trabajadores, a sus organizaciones y a sus líderes sindicales, haciéndoles participar en la toma de decisiones y creyendo en ellos. Vamos, todo lo contrario de lo que propone Llorca, a quien le gustaría vernos trabajar poco menos que por un mendrugo de pan. Pues no, señor Llorca, esto no funciona así. OPPE aún debe hacer su propia transición hacia la modernidad. De lo contrario corre el riesgo de aparecer –aún más– como un organismo inoperante e incompetente. Y en este caso sí, pagado por todos.