En los tiempos en los que para ser un buen ministro de Fomento sólo valía con gastar mucho y, sobre todo, tener contento a todo el mundo, la ejecución, la presupuestaria, era un arma común de la dialéctica ministerial. Nunca me cansaré de recordarles cómo Magdalena Álvarez, para defenderse de los ataques del lobby de la construcción y de la acusación de que no estaba ejecutando las inversiones al ritmo marcado por los presupuestos, manipuló los datos de ejecución utilizando torticeramente a las autoridades portuarias. Lo hemos comentado infinidad de veces: en la primera parte de aquella exposición se incluía la inversión en puertos en el total del Grupo Fomento para engordar aún más si cabe el alarde sobre la cifra de inversión comprometida, mientras cuatro páginas más para adelante, cuando había que hablar de ejecución presupuestaria, como el cumplimiento en los puertos le bajaba el porcentaje hasta un ratio sospechoso, la señora ministra excluía a los puertos diciendo, literal, que no dependían de ella y que si cumplían o no era cuestión de las comunidades autónomas. Descuiden que dentro de un par de años les volveré a contar de nuevo la anécdota, comprenderán que es un filón.La cuestión es que transcurridos unos años e instalados en los tiempos de las telarañas, el tema de la ejecución presupuestaria debería tener más trascendencia que nunca por aquello de ya que se invierte poco, que al menos se invierta. Pues bien, espero que la oposición haga sus deberes en los próximos días y ponga este debate sobre la mesa porque la labor de un Gobierno es cumplir lo que promete, lo que le compromete y, sobre todo, lo que le exige por ley el Parlamento y, por lo tanto, los ciudadanos.Ver cómo Adif prevé cerrar este año invirtiendo apenas un 68% de lo que tenía presupuestado o que las autoridades portuarias ni siquiera van a llegar al 75% de la inversión prevista no es una cuestión baladí, máxime si tenemos en cuenta que cualquier análisis de los Presupuestos de 2014 y cualquier comparativa de incrementos o decrementos con el ejercicio precedente queda totalmente distorsionada al tener sobre la mesa cifras que no son reales.Igual que se gasta mucha energía en explicar lo que se va a invertir y por qué, en Fomento deberían salir y explicar lo que al final no se va a invertir e igualmente por qué, en un ejercicio de transparencia, más que nada porque no es bueno transmitir la sensación de que en el Parlamento se aprueba una línea de puntos por la que hay recortar y luego, en Fomento, terminan pintando otra raya 1.000 millones de euros más para allá, sin que nadie diga esta boca es mía.La ministra, en cuyo “powerpoint” sobre los presupuestos de Fomento bien que se cuidó el lunes de no poner absolutamente ningún porcentaje de crecimiento o decrecimiento, debería explicar con claridad por qué no se ha invertido lo previsto y, además, detallar si los presupuestos de 2014 son de verdad o tienen también sorpresa en forma de grado de ejecución presupuestaria.Por cierto, no es una cuestión de invertir más o menos. Ya saben que opino fervientemente que el Ministerio de Fomento no está para dar de comer al sector de la construcción, sino para generar competitividad para el conjunto de la economía. A lo mejor todos los cientos de millones de euros que Fomento va a dejar de invertir este año en tal o cual sector son fruto de la eficiencia y de descubrir que hacían falta más en otro sitio o que no eran tan urgentes.Pues perfecto, pero que se explique y se ponga luz en la foto distorsionada que ahora mismo tenemos de la inversión en infraestructuras. Ministra, ¿va a invertir en 2014 más, menos o más menos...?