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El rapto de Europa

Me  enamoré de Europa tanto como lo pudo hacer Zeus al ver por primera vez a la princesa fenicia recogiendo flores al borde de la playa. Y eso que yo no la ví en la playa, rodeada de su séquito de ninfas, sino a través del Telefunken, rodeada, en una mesa del Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, por un tal Felipe González, un tal Fernando Morán y un tal Manuel Marín, entre otros señores de traje oscuro.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 00:10

La firma, un 12 de junio de 1985, del Tratado de Adhesión a la entonces llamada Comunidad Económica Europea, alumbraba para España un futuro ilusionante y abría un período de prosperidad económica, en el que durante cinco años seguidos logró el mayor índice de crecimiento de toda la Comunidad, constituyendo el proceso más completo y sistemático de liberalización, apertura y racionalización de la economía española. Europa, entonces, enamoraba. Solo con verla.Y no sólo porque los fondos Feder caían como el maná sobre las distintas administraciones públicas y se regeneraban zonas urbanas,  y se construían autovías y líneas ferroviarias de alta velocidad, y se financiaban puertos y aeropuertos... Además, ¡cómo no iba Europa a seducirnos entonces a los jóvenes quienes, como el que esto escribe, estrenaban ciudadanía europea con una beca Erasmus! Entonces, en nuestra inocencia, aquellos estudiantes creíamos firme aunque, como muchos años más tarde acabaríamos descubriendo, ingenuamente, que la Europa del Tratado del Acero y el Carbón se había transformado por fin en la Europa de los ciudadanos. Y que nosotros podíamos ser la avanzadilla de aquel cambio con nuestras convicciones e ideas frescas y europeístas. Han pasado casi 25 años desde entonces. El pasado viernes, Izaskun Bilbao, eurodiputada del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, por las listas de EAJ-PNV, intervenía como invitada en el Propeller Club del País Vasco-Port of Bilbao con un discurso en el que tras repasar los principios que rigen la política de transportes  en la UE, acabó lamentando la desunión de la Unión y la dificultad de avanzar hacia una verdadera construcción europea debido, principalmente, a la reticencia de muchos Estados miembros a ceder parcelas de poder y cuotas de soberanía a la propia CE. Por el tono de la eurodiputada entendí que más allá de la resistencia de los Estados a ceder soberanía a una estructura supraestatal, lo que verdaderamente subyace es una crisis  de confianza de la ciudadanía en la Unión Europea, más aún en los tiempos de crisis que atravesamos. Lo cierto es que, a mi juicio, es el principio de la solidaridad el que está en crisis. Y no hay que olvidar que a menudo hay más solidaridad entre países europeos que la que hay entre regiones de un mismo Estado. Por ello, y a pesar de ser un eslógan repetido hasta la saciedad por la clase política, la solución a la actual crisis económica y de valores es “más Europa”. Recuerdo cómo en 1995 la llamada “Ley Bosman”, que respaldaba los criterios de libertad de contratación y acceso al mercado de trabajo que guían los acuerdos y tratados de la UE, ponía en jaque la filosofía y el futuro del Athletic Club de Bilbao. Los “Leones” rugen hoy más fuerte. De igual modo, tampoco creo que el dictamen motivado de la CE contra el sistema español de estiba ponga en jaque la competitividad de los puertos españoles sino que más bien propicie un cambio de modelo que los haga más competitivos.Cuenta la mitología que Zeus raptó a la bella Europa lanzándose  al mar metamorfoseado en un bello toro. Por lo visto,  esta Europa ya no seduce tanto como antes. Serán los años...