No faltan los estudios, análisis, comisiones, grupos de trabajo de mayor o menor nivel, ni planes de impulso más o menos realistas. Al contrario, no paran de crecer. La pasada semana, sin ir más lejos, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) y la patronal de fabricantes de coches, ANFAC, daban otro paso para convertir el ferrocarril en un factor determinante para la logística de la automoción en la Península a través de la firma de un convenio cuyo acto fue presidido por la ministra de Fomento, Ana Pastor. Yo no dudo que para alcanzar el objetivo que el convenio se propone, antes sea obligado firmarlo, crear grupos de trabajo, establecer líneas básicas, definir programas de actuación, elaborar propuestas, identificar prioridades, determinar acciones y toda esa letanía de tareas y procesos que todo convenio que se precie incluye. Las cosas no surgen por generación espontánea.Pero en este país, de planes para el impulso del transporte ferroviario de mercancías, castrados, arrinconados y fracasados, estamos ya más que servidos y uno ya no se hace demasiadas ilusiones por lo que el futuro nos pueda deparar. Lo que tenga que venir, vendrá. Esta resignación tan nuestra, que la crisis no ha hecho sino acentuar, contrasta con la firme determinación con la que países, como es el caso de Francia, están mostrando por privilegiar el transporte ferroviario de mercancías frente a la alta velocidad para pasajeros.La pasada semana, el ministro de Transportes francés, Frédéric Cuvillier, anunciaba a través de diversos medios, entre ellos en su blog personal y su cuenta de twitter, la creación de dos nuevas autopistas ferroviarias para el “ferroutage” o el transporte de semirremolques a bordo de los trenes, un transporte intermodal que ya se viene realizando entre Luxemburgo y Le Boulou, cerca de Perpiñán, desde 2007, con notable éxito, así como entre Torbassano (Italia) y Aiton (Saboya), en los Alpes, desde 2003.Una de las nuevas autopistas ferroviarias unirá Lille y Bayona a partir de 2016 tras una inversión estimada de 400 millones de euros que acercará el ferroutage a escasos kilómetros de la frontera franco-española. La autopista mediterránea, operada por SNCF Geodis, unirá por su parte Calais y Le Boulou a partir de 2015. Dos claros ejemplos que, como señala el propio Frédéric Cuvillier, “ilustran la voluntad del Gobierno francés para reactivar el transporte ferroviario de mercancías y el desarrollo de servicios innovadores”. Los Pirineos siguen en su sitio. En su ensayo “El pórtico del templo”, Miguel de Unamuno pone en boca de su personaje Román: “¿Que nada hemos inventado? Y eso, ¿qué le hace? Así nos hemos ahorrado el esfuerzo y ahínco de tener que inventar, y nos queda más lozano y más fresco el espíritu (...) Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones”. Pues nada, ¡que inventen ellos!