Y eso que la primera semana de septiembre empezó fuerte, con distintas personalidades del sector prodigándose en diversos actos y foros, uno de los cuales acaparó titulares, portadas y ríos de tinta en parte por lo mucho que se ha hecho de rogar la infraestructura y por lo que de simbólico tenía y, en parte, por el alto número de personalidades congregadas.Me refiero a la firma del protocolo de construcción de los nuevos accesos ferroviarios al Puerto de Barcelona, una obra tan reclamada y reivindicada como necesaria por ser uno de los nudos clave del eje de transporte que conforma el Corredor Mediterráneo.Tras recortar el precio del proyecto -austeridad obliga- y asumir el Puerto de Barcelona la financiación de la mitad del presupuesto de la obra -mensaje para navegantes del ministerio de Fomento de lo que será la política de infraestructuras a partir de ahora, supongo- el pasado 4 de septiembre se firmaba el ansiado acuerdo, tan esperado que quienes plasmaron la firma fueron los máximos representantes de ambos ‘bandos', la ministra titular del ramo, Ana Pastor, y el president de la Generalitat, Artur Mas. Esta obra es necesaria no solo porque supone una mejora sustancial de la conexión del Puerto de Barcelona con el ancho de vía internacional, sino porque es también uno de los tramos básicos del Corredor Mediterráneo, uno de los principales ejes de transporte ya no de España, como parece que creen algunos, sino de Europa, como ha dejado bien claro la Comisión Europea al fijar las prioridades de la red transeuropea de transportes.Por eso, no pude más que leer con perplejidad algunas de las informaciones que se redactaron al hilo de este acto, en las que se criticaba al ministerio de Fomento por invertir en este tramo en vez de hacerlo en otros del Corredor. Les decía unas líneas más arriba que el Corredor Mediterráneo no es un eje español, sino que lo es de Europa precisamente para subrayar la importancia que tiene dicho Corredor para España, ya que está llamado a ser nuestro cordón umbilical de transporte con el continente. Por ello, creo que si es cuestión de desarrollar el Corredor, tiene más sentido empezarlo de norte a sur, es decir, iniciando las obras por el tramo que nos une directamente al continente y acabando por el más lejano a éste. Aunque parece que hay gente que opina que esto es favorecer a Catalunya y que sería mejor construir de sur a norte, lo que comportaría tener, durante años, vías de tren con destino a ninguna parte. Eso si que es miopía, y no lo de Fomento. Pero como al César lo que es del César, añadir que ante estas informaciones destinadas únicamente a crear maraña, los supuestos damnificados por Fomento dejaron claro que no es cuestión de favoritismo, que el Corredor se está construyendo por tramos y que se están cumpliendo los plazos. Menos mal que no todo es política en este mundo.