Todos pensamos que un cambio de tendencia influirá directamente sobre los tráficos portuarios y, a continuación, en nuestra cuenta de resultados. Sin embargo, tengo la sensación de que esa respuesta deseada no será proporcional al estímulo que debería llegar en fechas próximas. Dicho de otra forma, podemos entrar en un periodo de recuperación económica y que nuestros puertos no lo noten tanto como esperamos.Evidentemente, una reactivación del consumo interno va a provocar un mayor movimiento de las importaciones y exportaciones, pero muy poco a poco. Los puertos monoproducto, en función de su especialización y la cautividad de sus tráficos, sí podrían notar en mayor medida una cierta aceleración, pero no ocurrirá lo mismo con los recintos polivalentes.Durante estos años de oscura travesía, las navieras han ido seleccionando sus puertos de escala buscando la máxima eficiencia en términos de costes y productividad. El que se ha quedado fuera del mapa lo tiene especialmente complicado para volver a posicionarse en las rutas marítimas si lo que ofrece ahora no es bien diferente a lo que tenía.Pueden pensar que estoy exagerando. El pasado mes de julio el Puerto de Valencia vivió dos jornadas de paro en sus muelles provocado por una huelga de los sindicatos de las empresas estibadoras, consignatarias y estibadoras. Lo que en apariencia no fue más que 48 horas de espera, generó el desvío de buques a los puertos de Castellón y Barcelona, recintos que son ahora especialmente flexibles y receptivos a las exigencias de las navieras.Por otro lado, en los últimos meses el recinto valenciano ha visto cómo se le han perdido hasta tres importantes servicios de transbordo en favor de otros puertos como el de Sines o Gioia Tauro... Por más que la recuperación económica active la import/export, difícilmente se podrá compensar una caída a plomo del tránsito.Y resulta que el transbordo (ese que nadie quiere, que no tiene valor añadido, que se cuenta dos veces en las estadísticas, que no aporta nada a los transportistas...) mantiene la conectividad de un puerto y genera más riqueza y trabajo que otros tráficos mucho más de moda y socialmente mejor vistos.Es hora de hablar muy claro y dejarse de metáforas y giros: es necesario que los puertos españoles sean más flexibles y más baratos. No hay otro camino. Todo lo que no sea ir en esta dirección supondrá alejarse del futuro y perder posiciones respecto a otros puertos de Europa y del Mediterráneo.Y no basta con que el equipo gestor de una autoridad portuaria decida que su puerto va a ser más barato, para conseguirlo se necesita la implicación de muchos otros colectivos y una normativa portuaria que favorezca la competitividad. Así, sin paños calientes.