Está claro que la adulación hacia el poder políticamente establecido vive sus horas más bajas. Hemos pasado de la adoración del becerro de oro a, como mucho, respetar al becerro cuando se ha quedado sin oro, hasta llegar a no querer ni verlo, por constatar que se ha llevado el nuestro. Si hasta ahora una autoridad civil o militar resaltaba, limpiaba y daba esplendor a un acto, evento, cóctel o inauguración, hoy en día, si uno se ha roto los cuernos y ha conseguido montar una tienda, al inaugurarla no parece buena idea hacerse la foto junto a Fulano el del cohecho, Mengana la de la prevaricación o Zutano el del dinero negro. Y es que ya aprendimos que al día siguiente se hablará de todo menos de tu tienda de pipas. Además, se te van a llevar el protagonismo y, con un discurso estandarizado, acabarán diciendo que todo aquello es gracias a ellos. Se me antojó realmente extraño, casi irritante, la primera vez que oí eso de organizar eventos sin políticos. Darles la espalda. Rotundamente. ¿imaginan? Ese Concejal, ese Alcalde, ese Ministro, sentado al lado del teléfono esperando que alguien le invite a algo... Pero, de momento, la inercia existe, y todavía tenemos la costumbre arraigada de que cuando se monta algo, con dinero privado digo, se piense, lo primero de todo, en a qué VIP podemos aspirar. Hasta dónde podemos llegar. La verdad es que siempre ha salido por un pico eso de sentar una autoridad en tu mesa. Lo primero que tenemos claro es que tendremos que estar semanas detrás de ellos, luego, si el acto es en un sitio público, antes no sé, pero ahora hay que aflojar la cartera ampliamente, para luego, después de haber invertido ingente tiempo y dinero, cosechar el citado discurso de que menos mal que la administración apoya a estos pobres diablos... Es cierto que suelen atraer a los medios de comunicación, pero locos por preguntar por todo menos por lo que se vende en tu tienda. Eso lo he vivido ya en varias ocasiones. Con todo esto, cuando alguien comenta eso de que le pide el cuerpo organizar el evento sin invitar a ningún político, suena raro y estridente la primera vez, la segunda te hace considerar el tema y la tercera concluir que igual la cosa va en serio. Conforme menos tiempo queda de vida, más valor se le da a la autenticidad. Nos encantará que cuando les digamos eso de "sin ustedes no hubiera sido posible", sea cierto. Estará de diez que cuando digan que su Generalitat, Diputación o Ayuntamiento apoya decididamente ese o aquel tipo de iniciativas, sea verdad, sepan de qué iniciativa hablan, quién la ha promovido y, sobre todo, cuánto trabajo y dinero les ha costado. Si no es así, que no suele ser así, más vale que empecemos a considerar eso de ahorrarse 200 llamadas, 50 mails, 20 desplantes, 10 desilusiones y varias bandejas de canapés. Una cosa es que se nos coman por los pies y otra que los alimentemos nosotros. Pero, recuerden, hagan lo que yo diga, nunca lo que yo haga. Nadie dijo que fuera fácil, de momento.