El objetivo de este programa es eliminar cada año de la carretera 20.000 millones de toneladas por kilómetro de carga, o lo que es lo mismo, el equivalente a más de 700.000 camiones al año viajando entre París y Berlín. Se calcula que en la primera fase del Marco Polo, entre los años 2003 y 2006, el programa contribuyó a ahorrar 1,5 millones de toneladas de CO2, lo que supuso unos beneficios medioambientales de 432,9 millones de euros que, a su vez, supusieron el retorno de 13,30 euros por euro gastado.En la segunda fase del programa, de 2007 a 2011, las toneladas de CO2 que se han podido evitar ascienden a 2,86 millones.La CE calcula que, en total, se habrán trasladado del modo terrestre al marítimo cuatro millones de camiones. Y esto no solo supone ahorros en materia de medioambiente, sino también un incremento de la seguridad en las carreteras y un índice de accidentes menor, al haber menos camiones.Estos datos positivos refrendados por la CE, que son de libre acceso para cualquiera que desee consultarlos en la página web del Programa Marco Polo, contrastan con la recomendación que hizo pública la semana pasada el Tribunal de Cuentas Europeo a la Unión Europea (UE) para que suspenda la financiación al programa.Según el Tribunal de Cuentas, este programa ha sido "ineficaz" porque no se han alcanzado los objetivos y ha tenido poco impacto en el trasvase de carga desde la carretera al barco.La recomendación hecha por el Tribunal de Cuentas no deja de sorprenderme por varias razones. La primera de ellas, porque el Programa Marco Polo lleva en activo diez años, un tiempo que me parece excesivamente prolongado para decidir ahora que dicho programa es ineficaz. O, lo que es lo mismo, que se está dando un mal uso a todo ese dinero. La segunda razón, porque el Tribunal de Cuentas aconseja que se suspenda el programa cuando el Marco Polo ya tiene fecha de finalización: este año. En la actualidad, está abierta la convocatoria de 2013, que cuenta con un presupuesto de 66,7 millones de euros y cuyo plazo de presentación de proyectos se cerrará el próximo 23 de agosto. En el aire está si la Comisión decide o no convocar próximas ayudas, porque por el momento la fecha de conclusión del programa era este mismo ejercicio.Y la tercera razón que contribuye a mi sorpresa es que la ineficacia que el Tribunal achaca al Marco Polo contrasta con los datos que ofrece la Comisión sobre los beneficios que se han derivado de las ayudas.Por tanto, deberían aclararse los parámetros por los que la Comisión por un lado y el Tribunal de Cuentas, por otro, miden el éxito o el fracaso de este programa y deberíamos preguntarnos, todos, por qué no se armonizan los tiempos de los programas y los de las subvenciones con los instrumentos de control de los mismos, de forma que se eviten situaciones como esta, en la que se aconseja no aplicar un programa, por ineficaz, cuando éste ya acaba y el dinero ya se ha gastado.