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La petrificación

Petrificación. No parece que estuviera muy seguro el legislador con el uso adecuado de esta palabra, pues optó por ponerla entre comillas en la exposición de motivos de la reforma laboral. No obstante, el adorno ortográfico desmerece a un sustantivo que resume el espíritu de dicha reforma en lo referente a la vigencia de los convenios, con el deseo de combatir el estancamiento en las negociaciones de los mismos por mor de las cláusulas de renovación anual de sus predecesores.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 00:38

El instrumento puesto en marcha es pragmático: un año de prórroga salvo pacto en contrario y, si no hay firma, laudo arbitral y, en último caso, el horror vacui del fin del convenio.El sustrato, además, es simple: es una falacia que se necesite más tiempo para negociar un convenio. Si las negociaciones duran años e incluso décadas es por estrategia, por cobardía, por indecisión, por incapacidad y, en la mayoría de los casos, por huir del problema, por no querer resolverlo por miedo a que todo sea peor. Por eso es bueno darse un plazo para negociar. Cuando uno no tiene plazo para terminar una tarea, jamás encuentra el momento de finalizarla.El mejor ejemplo de las prórrogas ad eternum lo vivimos en la última década con el Acuerdo General de Transporte por Carretera. Y la mejor muestra de que la ultractividad ahora definida obliga y ayuda a un acuerdo la hemos tenido ayer mismo con el Acuerdo Marco de Estiba. Tengo dudas de que a estas alturas tuviéramos, sin lo recogido en la reforma laboral, nuevo convenio.Ahora bien, todo esto estaría perfecto si el Gobierno no hubiera introducido que las condiciones pactadas a nivel empresarial priman sobre las pactadas a nivel colectivo. Esto tiene un efecto directo sobre el marco de la negociación colectiva por cuanto abre la puerta a que no exista acuerdo, con lo que lo de la ultractividad de un año pasa de ser un fin -para alumbrar en plazo un acuerdo- a ser una estrategia, un instrumento para lograr acuerdo... o para que no lo haya.¿Por qué la ultractividad es el escollo sin resolver todavía en el Acuerdo Marco de Estiba? ¿Por qué ha estado a punto de dinamitar el consenso? No es por el fondo de la cuestión, si no por la cuestión en sí misma. Con la reforma laboral hemos pasado de no saber cuándo tendremos convenio o no saber si tendremos convenio. He ahí el matiz. Con la nueva ultractividad, si una de las partes no quiere convenio, basta con hacerse el tonto un año y, después, enjuague a lo Pilatos y que cada cual corte el bacalao en su casa. Así, los sindicatos meditan: “¿Confiamos en la patronal y nos damos un año para el acuerdo o prorrogamos indefinidamente el convenio, no sea que se lo quieran cargar?” Y lo mismo la patronal: “¿Confiamos en los sindicatos para lograr un acuerdo en un plazo razonable o exigimos un año para evitar dilaciones por conservar privilegios?”La clave, al final, es la confianza. ¿Confía la patronal en los sindicatos? ¿Confían los sindicatos en la patronal? El entorno, la verdad, no ayuda, porque, no lo olvidemos, negociamos ahora sobre una realidad y un horizonte que no nos pertenecen. Europa está llamando ya a la puerta para que reformemos nuestro régimen de estiba. ¿Cómo articular las relaciones laborales si nos van a cambiar el marco? ¿Cómo confiar en la otra parte si no sabemos que posición tomará ante ese nuevo marco, más que nada porque ahora mismo lo desconocemos? ¿Cómo gestionar esta incertidumbre? ¿Cómo hallar un consenso sobre la ultractividad y el horizonte temporal del convenio si desconocemos la vigencia del sistema de estiba actual? Se entiende que unos busquen flexibilidad y otros se refugien en petrificar, ¿verdad?