A mi me parece, para empezar, una falta de respeto considerable hacia quien está pronunciando el discurso. Pero, además, creo que es, también, perder la oportunidad de escuchar disertaciones que, dejando de lado su elevado o escaso interés, permiten entrever de qué pie cojea cada uno.Algo de esto que les cuento pasó hace escasos días en la inauguración de la nueva terminal de Grimaldi Group en el Puerto de Barcelona.Dejando de lado que a los cuatro o cinco minutos, como les decía, empezó el consabido runrún, que fue in crescendo a medida que se sucedían los discursos, me hizo gracia oír cómo dos políticos de signo tan diferente como Ana Pastor y Felip Puig se referían al sistema portuario español.Quien primero tomó la palabra fue el conseller de Empresa y Empleo catalán, quien no perdió la oportunidad de criticar el actual modelo de gestión de los puertos españoles y de reiterar su deseo de que se incremente notablemente el nivel de autonomía y de competencia de estos enclaves.Tras Puig, el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, del mismo partido pero con un perfil digamos más amable, pasó de puntillas por el tema de la gestión portuaria y se centró en lo que a él le compete, que es la apuesta del grupo italiano por la ciudad de Barcelona.Posteriormente, le tocó el turno a la ministra de Fomento y, claro, no era el turno de hablar únicamente, sino también de réplica. Aunque Ana Pastor, con un perfil público también más amable que otros dirigentes de su partido, no entró en un enfrentamiento abierto sobre el tema de la gestión portuaria -tampoco era el momento ni el lugar para ello- y apostó por ensalzar la colaboración entre administraciones como modo de defensa del sistema actual. "La colaboración entre administraciones da sus frutos porque cuando las administraciones se entienden y comparten, los beneficiados son los ciudadanos y las empresas", decía la ministra.Evitaba así la ministra hablar de autonomía de gestión portuaria en un puerto, el de Barcelona, que siempre se ha mostrado partidario de tener libertad de acción. Y que así lo ha trasladado en reiteradas ocasiones tanto a Puertos del Estado como al ministerio de Fomento.Y se permitía también Ana Pastor un guiño a Catalunya al asegurar que su discurso iba a durar cuatro minutos, "pero cuatro minutos catalanes", para cumplir con la petición que el conductor del acto había hecho a todos los oradores. Se refería la ministra, o al menos así lo entendí yo, un tema de puntualidad. Aunque las palabras de la ministra, acogidas con risas por unos, también levantaron, aún más, el murmullo de otros, que me parece a mi que no se tomaron muy bien la broma de Ana Pastor. Dándole vueltas más tarde a las palabras de la ministra, quizás eso de "cuatro minutos, pero catalanes" podría tomarse como una alusión a la proverbial tacañería que nos achacan en otras partes de España.Pero yo creo que la ministra no tuvo ninguna mala intención con el comentario. Si no todo lo contrario.