Por eso, aquí, en la Tierra, luego pasa lo que pasa cuando algunos Gobiernos “democráticos” (“Nada es democrático, todo es ilusión”, decía Anka, uno de los personajes de la novela de Le Carré) se entregan con entusiasmo a espiar al vecino, poniendo así su temperamento de ladrones al servicio del Estado.Durante estos últimos días se viene hablando mucho del “caso Snowden”, de las revelaciones sobre el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos hechas por el exempleado de la CIA Edward Snowden, que han provocado no solo estupor en EE.UU. y en la comunidad internacional, sino que tras conocerse las últimas denuncias de supuesto espionaje a la Unión Europea, amenaza con dañar gravemente las relaciones entre las dos primeras economías del mundo justo cuando estaban a punto de iniciarse unas ambiciosas negociaciones para instituir una zona de libre comercio entre Estados Unidos y Europa.La comisaria de Justicia de la UE, Viviane Reding, incluso ha amenazado con suspender las negociaciones del llamado “Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP)”, con el argumento de que “a los socios no se les espía”. En cualquier caso, dada la enorme relevancia de la creación de una zona de libre comercio trasatlántica entre Europa y EE.UU., con su positiva influencia en el transporte y la logística, es de esperar que el tono dialéctico se vaya rebajando para que las negociaciones se lleven a cabo según el calendario previsto. Para ello, habrá que esperar a que la Diplomacia cumpla primero su papel. Citando a John le Carré, habrá que confiar en que los diplomáticos sepan hacer bien su labor. “El único diplomático decente era un trapense sordomudo”, alertaba Jack, otro personaje de “Un espía perfecto”. En cualquier caso, este “incidente” de espionaje de Estado a gran escala, no debería ser obstáculo para que Estados Unidos y la Unión Europea acuerden la creación de una zona de libre comercio transatlántica que permita la eliminación de barreras al comercio, como las referidas a las tarifas y las excesivas regulaciones, con el fin de facilitar la compraventa de bienes y servicios entre ambas regiones, favoreciendo así las inversiones.El flujo comercial EE.UU.-UE sigue siendo el mayor del mundo con un valor de las mercancías y servicios intercambiados de 2.000 millones de euros diarios. El acuerdo, que sería el mayor tratado comercial jamás firmado, permitiría grandes ahorros a las empresas, generaría miles de empleos y se calcula que cada hogar europeo vería aumentados sus ingresos en 545 euros anuales, al tiempo que la economía de la eurozona crecería alrededor de un 0,5% del PIB.Ambas potencias asumen la necesidad de estimular sus estancadas economías tras la crisis financiera y de la Eurozona, en un momento de gran presión por parte de las economías emergentes, especialmente China, que a menudo constituyen modelos económicos basados en empresas de titularidad pública y en inversiones dirigidas directamente por sus Gobiernos. Por ello, EE.UU. y la UE tienen ante sí una oportunidad histórica, que no pueden perder, para crear una comunidad trasatlántica de libre comercio. Es mucho lo que hay en juego.“Eres un espía perfecto. Lo único que necesitas es una causa”, le dijo Axel a Sir Magnus. Al parecer, aquí, la hay.