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La medida del ruido

Una vez que nos hemos caído al agua, mojando la ropa, la cartera y hasta el móvil, bueno será aprovechar y, ya puestos, quitarnos la pesada vestimenta para sentirnos libres, renovar los móviles, y darnos cuenta que en la cartera no había más que contactos caducos y muy poco dinero.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 00:58

Miren por donde, ya que, aunque parezca mentira, estamos como estamos, con continuos ataques a los puertos, el único motor económico que funciona, en el peor momento de la peor crisis, yo obsequiaría al sistema portuario español con una muy intensa temporada de paros y conflictos. Quieran los sindicatos y las empresas, o no. Radicalizar, en uno y/u otro sentido, las posturas de las distintas partes podría ser apetecible, necesario y justo, si hubiera o hubiese valor, que no lo hay. A ver si acabamos ya con tanta ceguera cortoplacista de unos y otros, incluidas instituciones... que ya les vale. Los trabajadores de las empresas estibadoras, navieras y consignatarias deberían prenderle fuego al puerto, de una vez, ante la injusticia total que seguro que sufren, ante la salvajada tremenda y el atropello sin par que con ellos se debe estar cometiendo, ante la absoluta imposibilidad de conseguir flexibilizar ninguna postura. Los transportistas autónomos deberían empezar comprando una cantera para armarse ante la necesidad evidente de lapidar a tanto y a tantos, hasta que no se les vea, a los pérfidos camiones esquiroles y malos, ni la antena de la radio. Y los estibadores... lo mismo pero más cargado de bombo. Siempre he dicho que en este sector, unos y otros, empresas, instituciones y trabajadores deberían tratar de pasar desapercibidos, seguir adelante sin transcender más allá de nuestro sector. Todos, si dan ruido, tienen mucho que perder. Claro que hay que reivindicar, buscar mejoras, protestar, progresar y todo eso, siempre y ahora, con o sin crisis. Pero si no lo van a hacer con tacto y sabiduría, más vale estarse quietos todos. Operar un grano a hachazos no es buena idea. No lo digo porque yo no les entienda a todos, absolutamente a todos, sino porque igual, como también he dicho en otras ocasiones, ahí fuera no lo ven con ojos tan cariñosos. Y vendrán y dirán que amenazar o pinchar o romper o interrumpir la circulación no se hace. O vendrá Europa y dirá que eso de guisárselo en local, por muy chulos que seamos y por mucho apoyo que tengamos de quien creíamos que era el jefe, no puede chocar con las normativas globales. Si durante unos días nos dedicamos a los gritos y el ruido y a arreglar las cosas a palo y piedra, el sistema portuario español sale y saldrá perdiendo, al igual que los dirigentes institucionales, las empresas y los trabajadores, a cambio de casi nada. A día de hoy, con la imagen que se está transmitiendo del Puerto de Valencia, con los paros y los conflictos, hemos perdido todos por culpa de todos. Si el ruido continúa suficientemente alto, el tiempo que haga falta, hasta cambiar, realmente algo significativo, de una vez por todas, a medio plazo perderán los tres últimos, pero el primero, el sistema, volvería a ser lo primero y, a largo plazo, de nuevo ganarían todos. Ocurre, para que me entiendan, como cuando queremos que cambie algo en nuestro equipo de fútbol. Acabamos queriendo que pierda el partido, para que cambien cosas y se pueda ganar la liga. Pues eso, por favor, más madera.