Fue la presentación de Seopan una catarata de tablas, gráficas y números sobre la situación actual y la pasada, sobre lo que sucede en España y Europa, un bombardeo comparado de lo que hicimos y lo que hacemos para poner de manifiesto la importancia y el peso del sector de la construcción en la economía española y el daño que se le está infringiendo con los recortes en la inversión.Por cada millón de euros invertidos en infraestructuras se crean 18 empleos, argumentaba el presidente de Seopan, que dio datos de cómo la situación actual en el sector de la construcción va a seguir teniendo un impacto negativo en la economía española y restando directamente puntos a ese PIB que anhelamos que algún día vuelva a crecer.Dos eran las ideas básicas del presidente de Seopan: las empresas constructoras no tienen la culpa de la crisis; y es necesario volver a recuperar el ritmo inversor para generar riqueza.Sobre lo primero dijo que sólo un dos por mil de las infraestructuras construidas lo han sido sin sentido económico. Acerca de lo segundo, se esforzó en demostrar que los recortes de los últimos cuatro años no han tenido precedentes en economías similares, tardando Alemania 42 años en alcanzar una tasa de inversión sobre el PIB similar a la que ahora registra España tras los referidos cuatro años de progresiva austeridad.1,8 millones de trabajadores perdidos desde 2008 fue el último dato demoledor del presidente de Seopan, todo contundencia en una presentación en la que dijo que, a tenor del escenario presupuestario y fiscal dibujado por España, la actual coyuntura seguirá invariable hasta 2016. Conclusión para Seopan: hay que recuperar el ritmo inversor. Y la verdad, si gobernar un país fuera cuestión de sumar y restar, no lo dudo, compraría el argumento de Seopan.Ahora bien, resulta que después de tantos años de despilfarro indecente, repito, indecente, los españoles ya sí vamos a empezar cada vez que se invierta en algo a hacernos una pregunta clave: “Para qué” Repitan conmigo en voz alta y con claridad: “Para qué” Eso es, una vez más: “Para qué” Suena bien, ¿verdad?Y es que hemos aprendido que es inconcebible inflar la economía de forma artificial, porque si se invierte no puede ser desde el cortoplacismo y la volatilidad, desde la espectral vacuidad de alimentar un sector sin más afán que sostenerlo, porque, no lo olvidemos, un sector que depende principalmente de la inversión pública es un sector mantenido, repito, mantenido, con todo lo que conlleva.El Estado no está para dar de comer al sector de la construcción. Hemos aprendido que la inversión pública está para generar riqueza, para desarrollar todo aquello que es necesario y, por encima de todo ello, lo que es prioritario.No es cierto que sólo el dos por mil de lo construido no haya tenido sentido económico. Hay numerosas infraestructuras de transporte desarrolladas que no eran necesarias ni prioritarias.No podemos caer en el mismo error otra vez. ¿Que hemos hecho un ajuste sin precedentes? También durante años invertimos sin precedentes. ¿Que el sector de la construcción se hunde? Vale, pero ya no estamos para invertir por invertir.