Como es de esperar, Alemania lidera el ránking con un valor del negocio logístico nacional estimado en 223.000 millones de euros, seguido de Francia (131.000 millones); Reino Unido (93.000) e Italia (83.700). España, con 76.200 millones de euros, se sitúa en quinto lugar aventajando a países como Holanda, Polonia, Bélgica, Suecia y Noruega, que completan el “Top Ten”.Sin embargo, tras asistir en los últimos años a algunos de los principales eventos del sector en Europa, uno tiene la sensación de que dicha posición, el peso específico de España, su importancia en el concierto logístico europeo, no tienen un reflejo equivalente en las ferias internacionales. Si juzgamos con un mínimo de autocrítica, evitando la autocomplacencia, caeremos en la cuenta de que estas ferias, como espejos convexos, proyectan a menudo la imagen de una España empequeñecida, debilitada, sostenida por un apoyo institucional cada vez menor a causa de las restricciones presupuestarias, devaluada por la pobre representación de expositores privados.A nadie se le escapa que la crisis económica está teniendo un impacto mucho mayor en España y que el tamaño pequeño-medio de las empresas del sector en nuestro país es un factor que condiciona su promoción internacional. Pero no cabe duda de que las empresas españolas poseen sobrados argumentos para presentar una oferta competitiva y de calidad al mercado europeo, y de que sus esfuerzos de internacionalización han dado frutos positivos en un buen número de casos. Sin embargo, poco de ello pudo ser visualizado en una feria que, como Transport Logistic Múnich, ha llevado al salón a más de 53.000 visitantes y a 2.103 expositores de 63 países. Según Messe München, España se situó en el undécimo puesto por número de visitantes (no aporta cifras) y en el décimo en número de expositores. Estas posiciones por sí mismas no serían malas (teniendo en cuenta que España es el quinto país europeo en volumen de negocio logístico) si no fuera porque la gran mayoría de los expositores españoles (24 de un total de 35) lo hacían “confinados” en un pabellón agrupado del ICEX con un diseño manifiestamente mejorable; porque 21 de los 35 expositores eran instituciones públicas; porque de los 14 expositores privados restantes tan solo 5 lo hacían con stand propio (dos de ellos, en el espacio Air Cargo Europe) al margen del ICEX. De los tres expositores españoles restantes, aireo aquí la anécdota de uno de ellos, que participaba por primera vez en la feria aunque tenía una probada vocación internacional, demostrada en sus delegaciones abiertas en varios países europeos. Tras comentar su gerente, a pie de stand, el esfuerzo económico que suponía la participación en una feria de este calado y preguntado por este redactor por el apoyo del ICEX, el expositor aseguró desconocer su existencia. Insistió en ello, por mucho que yo mostrara mi incredulidad. Pero con ser esta anécdota reveladora, lo verdaderamente “revelador” fue descubrir más tarde que el ICEX ignoraba también la participación de esta empresa como expositor en la feria. Saquen ustedes sus propias conclusiones. Si quieren.