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Mi comunidad portuaria

Andamos muchos como los zombis esos. Con mala cara, dando tumbos, con la mirada suplicante de explicaciones y sin saber hacia donde tirar. No olemos mal, casi ninguno, pero cada vez apesta más a podrido a nuestro alrededor. Se hace imprescindible hallar algo de cordura. Todavía no nos han dado el tiro en la cabeza, aunque nos hayan matado todo lo demás.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 01:02

Atontados como estamos por tanta incongruencia galopante, rebuscamos entre la materia gris arrasada, en busca de posibles neuronas supervivientes. Estos días, desde el sector logístico hasta el infinito, si lo hubiera, son especialmente desconcertantes. Nuestro mundo este del transporte internacional, también ha perdido ya la razón, y se hace más noticia los gremios conformes y activos que los protestantes y/o en huelga. Si un puerto funciona, tira como puede de la economía de su entorno, crea puestos de trabajo y capea y ayuda a capear la crisis a muchos... hay que pararlo. Si el gremio disconforme lo consigue... se apunta un exitazo, son más machos, más fuertes, más... más. La falta de cordura ha llegado también al sector. Toca replegarse, retomar el ejercicio de introspección y cerrar el círculo un poco más, aunque sea provisionalmente. Lo de familia logística, comunidad portuaria, o como ustedes lo quieran llamar, parece que se ha quedado demasiado amplio. No todos caben. Y si caben todos, no quepo yo. Es un proceso, este de cerrar círculos, que ya no nos es extraño. Nos salimos del partido, del que a veces nos sentíamos, aunque fuera sin papeles. Renegamos del concepto de patria que nos inculcan, de cómo defienden algunos las comunidades, naciones o lo que sean. Ya no queremos ser de éste o de aquel banco, aunque ahora les pertenezcamos más que nunca. Y así sucesivamente. Ocurre que, pese a todo, necesitamos estar en comunidad. Somos así, nos gusta ser de Consum o de Mercadona, del Barcelona o del Español, de ginebra o de güisqui, de este sector o de otro. Un Puerto, por ejemplo, es de todos, pero nos estamos olvidando, ciertamente, de que sólo es de todos para defenderlo. Para andar jodiendo la marrana, ni te acerques. Ni tienes nada que ver con él, ni es tu puerto. Como eso no depende de mí, dime en qué comunidad te encuadras para yo salirme. Es cierto que llamar la atención sin fastidiar (ahora me he vuelto fino) es como pensar estando en misa... nadie se da cuenta. Pero precisamente por eso tiene mérito hacerlo así, y no dejarse llevar por la corriente generalizada de sinrazón. Para los maniqueos, que ya les estoy viendo la expresión, lo elementos que me hacen pensar en desertar de este amado sector están tanto entre empresas como entre trabajadores. Y es que si se usa un método es porque funciona. Y en logística, por desgracia, y por los muchísimos pánicos que conviven, eso de parar un puerto es mano de santo. El día que se le echen narices al asunto y lo de echar el freno a todo un sector fuera detonante inmediato para retroceder en las negociaciones, nunca para avanzar, igual se respetaba algo más lo sagrado: el pan de los que no tiene nada que ver, como digo a veces, ni con tus problemas ni con las soluciones. Por todo eso, me saldré de la comunidad portuaria para pasarme a mi comunidad portuaria. Cada cual tendrá la suya, con unas reglas algo más restrictivas, donde no quepan todos. Veremos a ver si en la mía me dejo entrar a mí. A ti desde luego que no.