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Deauville, 2ª parte

Agotado, topé anoche en Youtube con un capítulo del clásico serial de los 90 “Poirot”, protagonizado por David Suchet e inspirado, como saben, en la célebre saga de Agatha Christie.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 01:04

“Asesinato en el campo de golf” era el título del capítulo, basado en la novela “The Murder on the Links” y que más allá de pequeños matices argumentales contiene una diferencia espacial fundamental. Agatha Christie sitúa la acción en la villa francesa ficticia de Merlinville-sur-Mer. En cambio, la adaptación cinematográfica ubica la acción en Deauville, villa también francesa pero de carne y hueso y que sirvió de escenario real para el rodaje.Estuve durante todo el capítulo inquieto, pero no sólo por la trama, sino porque la palabra Deauville me taladraba las pequeñas “células grises”, que diría el propio Hércules Poirot, sin ser capaz de encontrar solución a un dilema que, por cierto, estaba ante mis narices cada vez que enfocaban el plano general del “Hotel du Golf”, campo base del trajín detectivesco del célebre sabueso belga.Y he aquí que, de repente, brotó la luz y como Arquímedes con su eureka dije en voz alta: “¡¡Gefco!!”Mi mujer reaccionó de inmediato con su mirada típica de estar ante un marciano: “Tu estás muy mal, ¿no?”, dijo mientras alargaba con suficiencia la “o” de no.Pero es que por fin caía en la cuenta de que el Deauville de Poirot y su Hotel du Golf eran realmente mi Deauville de 2008 y su Hotel Normandy Barrière, con aquella habitación forrada de tela y repleta de motivos pastoriles donde nos alojó el operador logístico Gefco en septiembre de aquel año con motivo de la presentación en nueve idiomas de su estrategia a tres años.Fue en la habitación 253 de aquel Hotel Normandy Barriere donde en la madrugada del 30 de septiembre escribí el artículo “Deauville”, publicado el 1 de octubre como crítica dura y ácida al asociacionismo en el sector del transporte por carretera y a las luchas intestinas que por enésima vez se vivían en aquel momento debido, entre otras razones, a la vorágine que en esas semanas representaba el fenómeno “Plataforma” y a que la crisis estaba en plena deflagración.Recién clausurado el Congreso de CETM en Santiago de Compostela y aún no recuperados del paro salvaje de aquel año (¿se acuerdan?, con Rubalcaba pensándose si era moralmente aceptable tenerle que decir a un camionero que se quitara de la carretera y permitiera al resto del país llevar a los niños al colegio), estábamos a las puertas de una nueva renovación del Comité Nacional, momento crítico por antonomasia.Recuerdo mis palabras de aquel momento: “Es un fracaso que las empresas aún no sepan a día de hoy quién está del lado de la demagogia y quién de la responsabilidad; quién navega en la ignorancia y quién aboga por la razón; quién enarbola la manipulación para salvar su culo y preservar el chiringuito y quien se arriesga a perderlo por culpa de la verdad y el posibilismo”.¿Conclusión cinco años después? La misma que la frase lapidaria que cerraba el artículo: “Cada sapo termina siempre en su merecido charco”. Es decir, ¿dónde esta hoy Plataforma? Diluida como un azucarillo. ¿Y el sector? Al final de la senda que emprendió. Vayan a la gráfica de la página 4 del Diario del Puerto del lunes y pónganse a llorar. Parece que va quedando cada vez menos sector al que representar.Pronto volverá a iniciarse una nueva renovación del CNTC. Ojalá logremos situar el debate en qué sector queremos. Como nos volvamos a pelear por cuántos votos tenemos seguiremos perdiendo el tiempo en un misterio que no sería capaz de resolver ni Hércules Poirot.