Como bien saben ustedes, las cosas de Palacio van despacio (que se lo digan si no a los que esperan la respuesta a las alegaciones del dictamen motivado del sistema de estiba en España), y mientras tanto toca perder.La demora en la respuesta de Bruselas ha supuesto la pérdida de hasta 50 contratos por parte de los astilleros españoles, que además tienen en cartera 40 nuevos contratos para construir otros tantos buques, lo que supondría una facturación de casi 2.000 millones de euros... y todo pendiente de la CE.Mientras tanto, por si no tuvieran ya suficientes ventajas competitivas, los astilleros asiáticos se están beneficiando de esta guerra abierta en el sector naval europeo.Según la Asociación de Pequeños y Medianos Astilleros (Pymar) la decisión que debe tomar la CE tendrá una gran repercusión sobre el tejido económico y empresarial español, pudiendo llegar a suponer la desaparición de 86.735 empleos, entre directos e indirectos, la mayoría de ellos en las comunidades de Galicia, Asturias y País Vasco.Pues bien, llegados a este extremo conviene señalar que la decisión está en manos del servicio de la Competencia de la Comisión Europea... dirigida por el comisario Joaquín Almunia.Al margen de pasados y presentes, dejando a un lado colores, razones y susceptibilidades, debemos reconocer que Almunia tiene sobre la mesa un bocado de difícil digestión.Hasta el momento, el Comisario se ha limitado a decir que espera una solución "positiva" para los astilleros españoles, pero evidentemente no ha podido dar garantías al respecto, y seguramente tampoco puede hacerlo.Como dice un buen amigo, de Almunia se espera una decisión justa y razonable, y a lo mejor es ahora el momento de demostrar que es justo y razonable, enmendando errores del pasado.Cada cual puede tener su opinión al respecto; podemos frivolizar y apostar en contra de la industria naval española simplemente por desconfianza personal; podemos analizar friamente la "legalidad" del "tax-lease" y extraer nuestras propias conclusiones o podemos quedarnos sentados a esperar una decisión. Mientras tanto, al tiempo que la incertidumbre nos bloquea, otros siguen cabalgando y distanciándose cada vez más. Ahogarnos ahora en lamentos sería acompasar el hundimiento de la industria naval española. Quizás deberíamos ser todos un poco más "corporativos" y alzar nuestra voz para que no sea demasiado fácil para el Comisario tomar esa decisión que no deseamos pero que, desgraciadamente, esperamos.