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No es tiempo de añoranzas

Hace poco más de un mes, en este mismo rincón les hablaba de la paz social que había disfrutado el sector logístico durante un período más que aceptable de tiempo. Y también alertaba de que dicha estabilidad, clave para que un sector se gane la confianza de clientes e inversores y, por ende, pueda progresar, estaba seriamente en peligro.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 01:10

Pues bien, no es que yo sea adivina ni tenga poderes mágicos. Y tampoco conozco el futuro, pero en los últimos días todo el malestar subyacente parece haber salido a la luz. Y con fuerza.Abrió fuego el sector del transporte terrestre de contenedores de Barcelona. Siguió el transporte de mercancías por carretera de Barcelona y Tarragona -y seguirán otras provincias de todo el Estado en las que la ultractividad finalizará el próximo día 7 de julio-. Y ahora, y tras fracasar las negociaciones que se mantenían en el sector de la estiba, hay que estar alerta para ver qué pasa con los portuarios.Pero lo peor de todo de esta situación no es que haya conflictividad, sino que muchas de las demandas que se han esgrimido en cada uno de los casos -legítimas las más de las veces- son, como también comentaba desde aquí la semana pasada, muy difíciles de contentar porque su solución pasa únicamente por solventar la crisis económica. O por volver al pasado. Concretamente, a las épocas de vacas gordas en las que nadie pensaba en el futuro porque en el sector logístico, no nos engañemos, mucha gente estaba ganando mucho dinero.Pero, como respondía la semana pasada a José María Aznar el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, "las añoranzas, para otro día". O, puestos a ser pesimistas, podemos hacer nuestra la frase del presidente del Congreso, Jesús Posada, en respuesta, también, al expresidente del Gobierno: "el tiempo es inexorable" y "hay cosas que se van para no volver".Total, que nos hallamos en una situación en la que no podemos estar pensando en lo que pudo haber sido y no fue. Y tampoco podemos estar llorando por lo que teníamos y hemos perdido.Pero, por otro lado, tampoco debemos dar por perdida la batalla por intentar mantener el estado del bienestar y por salvaguardar todo aquello que ha costado tanto alcanzar.En esta tesitura, no podemos hacer otra cosa que un planteamiento de futuro inteligente en el que se busque, en primer lugar, convertir a España en uno de los países con menos diferencias sociales de Europa, y no en uno de los que más, como lo es actualmente. Esto, por si solo, ya supone hacer gran parte del trabajo que nos permitirá ir saliendo poco a poco del agujero porque incluye redistribución de riqueza pero también medidas destinadas a atajar fraudes y a hacer que todos paguemos por lo que tenemos -y no por lo que declaramos que tenemos-.Y en segundo lugar, trabajar desde un punto de vista racional para hacer las reformas necesarias que nos permitan volver a crear empleo. Algo que pasa, sin dudarlo, por pasar de una economía de servicios a una que apueste también, si no más, por la industria.