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No nos tapen el sol

El sector, 27 años después, sigue siendo igual de diferente. Seguimos en una cápsula extraña de "grandeza" apuntalada por palos de distinto grosor y consistencia. No sigue costando, tras casi tres décadas en esto de informar cada día, entender este mundo de los puertos. Nada es sencillo aquí, ni siquiera cuando todo es cada vez más sencillo ahí fuera.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 01:10

 En los puertos, entre los usos y costumbres arraigados, la jerga propia, las magnitudes que se barajan y la voluntad evidentemente mayoritaria de cubrirlo todo con un tupido velo, saber de qué va esto no es fácil para nosotros, imaginen para el ojo no entrenado, que diría Torrente. Si nos leen, que ya sé que sí, y sólo si nos leen, se habrán enterado en tiempo y forma de la última amenaza de huelga que pende sobre la estiba. Entre las cosas que no gustan a los portuarios figura "la introducción de mayor flexibilidad en el cómputo de la jornada efectiva y en la aplicación de una misma jornada (número de turnos mínimo) para todos los puertos, sistema que es considerado por los sindicatos como una "regulación de empleo encubierta". Pues bueno, pues vale, pues me alegro. Podríamos detallarles qué significan cada una de esos planteamientos, qué contiene exactamente cada palabro y cada frase, cada coma y cada punto. Pero con eso, seguiríamos lejos de la verdad, del fondo de la cuestión. Cuando uno quiere defender su puesto de trabajo, que no lo despidan, que no le bajen el sueldo, que se lo suban tanto o cuanto... todos los comprendemos. En el sector, y no sólo en la estiba, cuando intentan explicar, empresas o trabajadores, los motivos reales para cuajar entre todos una huelga en un puerto, la verdad es que nos seguimos quedando a cuadros. Que pasen estas cosas en cualquier época o lugar es extraño. Que estemos delante de esos planteamientos en mayo de 2013, debiera ser recordado por las generaciones posteriores. Miren, para entender algo, no hay que explicar qué significan las palabras, sino qué hay detrás de ellas, de quienes las pronuncian, de quienes las rechazan y de los entornos, de las circunstancias. Y no sólo de los colectivos, empresas, instituciones, sindicatos... sino de todas y cada una de las personas implicadas. Hay, o algún día habrá, situaciones concretas de injusticia, para con empresas o para con los trabajadores, en los que esté rotundamente justificado pedir algo, o denegarlo. Algo tan rotundamente importante como para parar la máquina de la economía de todos. Cuando eso ocurra, como en el cuento del lobo, nadie lo va a creer. Mientras, si el amigo lector quiere saber por qué se para o se amenaza con parar un puerto, les sugiero que vayan, invisibles, a cada reunión de los empresarios, a cada asamblea de trabajadores. Luego, se filtren en los corrillos de unos y otros, e incluso les acompañen a casa. Ahí encontrarán por qué se llega a semejantes extremos, tan alegremente. Mientras, vendrán unos y otros a contar al gran público lo extremadamente importante que es la pelusa de su ombligo (nada que ver con la del tuyo), cómo su forma de mear es la mejor del mundo y cómo todo lo que hacen y dicen es imprescindible para entender el origen de la vida y el futuro del universo. A fuerza de viejos nos hacemos algo menos tontos. Ya sólo pedimos, además de que nos dejen en paz, que no nos tapen el sol, si puede ser. Todo lo que ustedes quieran, pero no nos paren el puerto.