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La nueva murga portuaria

Mi profesor de Historia del Pensamiento Político decía siempre que lo de que “cuando el río suena, agua lleva” es un campo minado para la falacia. El tiempo me ha demostrado que estaba en lo cierto, sin olvidar que a veces no hay agua, ni río, ni valor para desatar una tormenta, pero alguien abre un grifo por ver si cuela, o sea, se tira la piedra y se esconde la mano, o se corta, que a veces encima el que carga con la culpa es el mensajero.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 01:12

En el ámbito portuario, lo de los ríos y los gorgojeos ha sido siempre un paradigma, con cataratas despeñándose por los precipicios colectivos mientras los responsables de los grandes debates se hacen los sorprendidos.La última historia, como saben, es esta de la posible privatización de las autoridades portuarias más rentables, un ejercicio posibilista que, si me lo permiten, tiene mucho de fontanería y aún más de desesperación.De fontanería porque este asunto creo que es puro grifo, una apuesta interesada del sector privado por ventilar sus intereses ante la opinión pública. Igual que día sí y día también preguntan a la ministra en público por la euroviñeta para mantener artificialmente un debate que en Fomento no existe, ahora empiezan con la murga de los puertos y a dar por sentado que esto ya está hecho.Y de desesperación porque estas semillas siempre encuentran terreno abonado donde germinar y qué mejor surco que los puertos, donde los que tienen los ojos nublados por el déficit sólo ven un suculento tesoro en el que, sea como sea, hay que meter la mano.Con respecto a los fontaneros, no queda más que aprenderse bien la teoría del monomando y permanecer atentos a sus filtraciones. En cuanto a los desesperados, sea bien por cierta vanidad u orgullo sectorial o bien por coherencia institucional, uno aspiraría a un Gobierno que se acercara a un sector estratégico como el portuario con un espíritu un poquito más generoso y colaborativo, es decir, que si supuestamente se ha llegado a plantear el arrastrarnos de nuevo a la pantanosa senda del cambio de modelo, fuera por una creencia firme en unos demostrables ítems de mejora.Ahora bien, resulta que el agua esta que suena y tras la que alguien nos quiere hacer creer que hay un río, encuentra su cauce, primordialmente, en quienes anhelan que los beneficios económicos de los puertos terminen en las arcas de la Administración Central para el fin que se considere más conveniente.Es decir, todos quieren trincar el dinero de los puertos sin pensar si lo que proponen mejora o no los puertos y, sobre todo, olvidando que la finalidad última de los actuales gestores de los puertos (que están funcionando muy bien, ojo) no es ganar dinero sino multiplicar la competitividad de la región y del país al que sirven. La autosuficiencia económica entronca con la vocación de servicio público y deviene en que una autoridad portuaria gana dinero para garantizar el máximo nivel de servicio, para invertir en las mejores infraestructuras posibles y para ofrecer las tasas más competitivas, y si se pueden bajar se bajan, aunque se resienta el beneficio económico propio, pues lo importante es el beneficio del conjunto de la cadena logística.Dicho esto, animo a los tentados de privatizar a que sean valientes, se dejen de gaitas y si lo que quieren es hacerse con los beneficios de los puertos vayan de frente, recentralicen, supriman la autonomía de gestión, hagan caja única y todo lo que se recauda lo manden al mismo bote y con destino al ministerio donde ese dinero haga falta.Ahhhhh, que es que esto no es liberal. Vaya. Y digo yo, ¿poner patas arriba todo el sistema portuario estatal sin más pretensión sí que lo es? En fin...