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Tiempo de sensatez

Las cosas son como son. Y no parece que vayan a mejorar por sí solas en el futuro inmediato. Sólo tenemos dos opciones: podemos echar a los lumbreras mandatarios que las propician, o adaptarnos. Creo que si pudiéramos ya habríamos ubicado a los citados lumbreras en su sitio: el paro, sin paro, claro.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 01:14

Como no podemos echarlos, de momento, toca ser realistas. Y lo seremos, más por la fuerza de la situación que por la del sentimentalismo. A la fuerza ahorcan. Hablamos mucho, quizás demasiado, de los días que se avecinan de conflictos, malos rollos y derivados. Que si la Primavera caliente, que si la tensión, que si la crispación, que si el enfrentamiento. Qué cansancio, por Dios. En estas semanas, son muchos los que andan velando armas para, de un momento a otro, medir sus fuerzas con el jefe, el compañero, el vecino o con todos a la vez. Muy normal y muy clásico. Pero deberíamos pensar, calentando primero para evitar los tirones, que igual no nos hemos dado cuenta de que hay, en esta ocasión, un tercero en discordia, muy a tener en cuenta: las circunstancias. Que mandan, y mucho. Tengo esa preocupación, aunque en el fondo pienso, o prefiero pensar, que todos los agentes involucrados en uno u otro tipo de tensión las tienen muy en cuenta, a las circunstancias, digo, y que por eso el sector logístico va a ser sensato, y va a buscar, en cada uno de sus gremios, lo mejor para ellos y para todos. Se tensará la cuerda, puede ser, pero el sentido común, y más en estos tiempos, acabará imponiéndose. Ni transportistas, ni estibadores, ni consignatarios, ni despachos, ni muelles... Nadie va a tirar arena contra sus ojos, ni matará la gallina de los huevos, por sus huevos. No creo que seamos tan torpes. Las cosas no están como para tensarlas, más. En otros tiempos podría quedar cierto margen para ponerse uno farruco. Había por lo que pelear. Un botín, pequeño o grande, para repartir. Hoy en día han de calibrarse muy bien los pulsos que se echan, en cualquier campo y sentido, no vaya a ser que nos los acepten, incluso asumiendo el riesgo de que todo salte por los aires. Hay mucho por lo que pelear, en todos los campos de la actividad económica y social del país, en este sector en concreto no hay que olvidar que, todavía, en muchos casos, no en todos, la principal pelea es que nos dejen como estamos. El que más y el que menos tiene cosas que defender, cosas que cuidar; en definitiva, cosas que perder. No convendría olvidarlo. Casi siempre, en la logística, los acuerdos, convenios o negociaciones, se han establecido para ganar todos, quizás unos más que otros, pero todos contentos. Ahora estamos ante un escenario distinto, no sé si se habrán dado cuenta, al que no estamos acostumbrados nadie, y menos este sector de la macromagnitud. Vale la pena recordar que en el mundo de ahí fuera, a veces, las más de las veces, la negociaciones, las reivindicaciones, han traído como consecuencia que uno, o todos, salgan mal o muy parados. Lo digo por si acaso quisieran tenerlo en cuenta. Como ocurre en el juego de las siete y media, pedir carta no siempre es la mejor idea.