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El último barco

“El ‘Egun on’ es un viejo gasolino de color verde que perdió hace tiempo la cuenta de las veces que ha cruzado la Ría”. Así comenzaba un artículo que publiqué hace casi veinte años en el periódico municipal ‘Bilbao’ y que, bajo el título ‘Contra viento y marea’, contaba la historia de los dos últimos boteros de la Ría en Bilbao: Gabriel Caneda, un gallego de las Rías Baixas que manejaba el timón del “Egun on” entre la Ribera de Deusto y Olabeaga, y Amancio Sáinz, un santoñés que por 45 pesetas te llevaba de Zorroza a la Punta de Zorrozaurre en su bote ‘Txinbo’.

  • Última actualización
    29 septiembre 2018 01:17

De Gabriel Caneda y Amancio Sáinz tan solo me queda hoy el recuerdo de sus grandes manos gastadas de tanto lanzar la amarra a ambas orillas; su terco empeño en mantener contra viento y marea una profesión moribunda y dos fotos en blanco y negro recortadas de un periódico amarilleado por el tiempo. No hubo despedidas ni homenajes en su último día de trabajo. A decir verdad, prácticamente nadie les echó en falta en los embarcaderos vacíos. Su tiempo había pasado. Y es que, por aquel entonces, la Ribera de Deusto, Zorrozaurre, no era ya, ni mucho menos, el bullidero industrial que un día fue. Pero tampoco es hoy el edén residencial que se nos prometió a cambio. La península de Zorrozaurre, con su Ribera y su Canal, es en nuestros días una versión distópica de sí misma, una alegoría de la post-modernidad, un escenario desolado y post-industrial que el mismo Ridley Scott podría perfectamente haber elegido como set de rodaje de ‘Blade Runner’. Ni siquiera hubiera necesitado traerse los replicantes de Hollywood. Zorrozaurre, corazón y alma cyberpunk, tiene los suyos propios.Después de mucho tiempo, este domingo he vuelto a acercarme hasta la Punta de Zorrozaurre, ese Finisterre local en el que la Villa muere y la Ría se parte en dos. A un lado, los  muelles de Zorroza, abandonados a su suerte, como el soberbio edificio de la Harinera, Bien Cultural Calificado que se recorta decrépito en el horizonte. Sin barcos que allí atraquen, bajo el cantil del muelle asoman inscripciones que los marineros han ido dejando. Unas, como ‘Klaipeda’ o ‘Legia Warsawa’, indican su procedencia; otras, como ‘m/v Leerwig’ y ‘m/v ‘Siggen’, el nombre del buque, y hay quien, como un tal Ioapo Tekapu, quiso que supiéramos que un 29 de abril de 1997 él estuvo allí. Al doblar la Punta de Zorrozaurre, se divisa al otro lado el Canal de Deusto, ese cul-de-sac fluvial que los urbanistas han decidido liberar. A lo lejos, más allá de donde estuvo atracado durante varios meses de 2010 el ‘Mónica Sofía’, se adivina la popa de un barco, uno de los últimos mercantes que atracan ya en los muelles del Puerto de Bilbao, en Bilbao. Es el “Sara”, que entre otras mercancías, carga 650 toneladas de cadenas procedentes de la histórica fábrica que Cadenas Vicinay mantiene en Zorrozaurre. Pero en 2015 será desmantelada trasladando la totalidad de su producción a Sestao. Y ya no habrá más barcos mercantes que atraquen en Bilbao. El “Mónica Sofía”, último buque botado en los Astilleros Euskalduna y que en 2010 era propiedad del Grupo Ibaizabal, estuvo cerca de convertirse en el buque insignia del Museo Marítimo de Bilbao y memoria viva y permanente del carácter portuario de la Villa. Sin dinero, el proyecto fracasó. Me duele imaginar un Bilbao sin barcos, lo mismo que me dolió el olvido y el silencio en el adiós a los dos últimos boteros de Bilbao. Por eso, cuando el último barco mercante de Bilbao zarpe del muelle, que me avisen. Porque yo sí estaré allí.