Las malas noticias parecen no tener fin y las buenas, que las hay, suelen pasar desapercibidas entre la maraña de inquietud y pesimismo que impera en el ambiente. En los últimos días, y después de que el Gobierno diera a conocer la escalofriante cifra de más de seis millones de personas sin trabajo, han sido muchos los momentos en los que me he parado a pensar si no hay nadie en este país, en Europa o en el mundo, que sea capaz de parar esta sangría y sacarnos del atolladero en el que estamos inmersos.No soy economista, ni tampoco estadista, y seguramente hay muchas cosas que se me escapan de la realidad que estamos viviendo, pero estoy totalmente convencida de que el dinero que tan alegremente pasaba antes de mano en mano (bueno, de algunas manos a algunas otras) no se ha volatilizado. Sigue estando. Y alguien lo tiene.Y si ese alguien (o alguienes) tuviera un mínimo sentido de la responsabilidad, volvería a dejar que ese dinero fluyera, que se moviera de un lado a otro facilitando la puesta en marcha de buenas ideas que tienen muchos emprendedores, lo que sin duda crearía oportunidades de negocio, nuevos puestos de trabajo, mayor poder adquisitivo... Vamos, que la rueda volvería a girar.Por el contrario, realmente parece que no hay nadie capaz de arreglar este desaguisado. O, al menos, no hay nadie capaz de proponer ideas certeras que permitan empezar a enderezar la nave.En este sector nuestro de la logística y el transporte, muchos empresarios se muestran pesimistas con la deriva que están tomando las cosas, aunque hay otros que, aún con la boca pequeña, confiesan que a su empresa le va bien, que tienen proyectos y que empiezan a ver con más optimismo el futuro.Sin embargo, unos y otros se siguen quejando de lo que hace meses, años tal vez, vienen reivindicando: el crédito sigue sin fluir o lo hace con cuentagotas. Y de que en este país sigue siendo caro, muy caro, montar una empresa. Por lo que algunos aprovechan para trabajar en negro, algo que lo único que conlleva son problemas y menos ingresos para el Estado.Aunque todo ello es sabido, no parece que haya nadie que tome medidas para arreglarlo. Igual que sigue pareciendo que aquellos que se han lucrado durante años a costa de meter la mano en la caja común se siguen yendo de rositas. Vamos, que parece que sigue teniendo vigencia el refrán ese que dice que quien roba un millón, tiene cien años de perdón. ¿Era un millón o era a un ladrón?