Todos han sido llamados, pero muchos ni tan siquiera se han presentado. Ni se les espera. La criba ha sido brutal, pero no sólo en el mundo empresarial, logístico o no, ha pasado también en muchos niveles de nuestra vida social y económica. Y lo que nos queda. Sin olvidar nunca que el motivo fundamental de tanta cochambre ha sido la poca o ninguna vergüenza de políticos y financieros, no podemos negar, por otro lado, que muchos estaban en el papel equivocado. Trabajadores que no aportaban lo que cobraban, empresas que sólo estaban preparadas para trabajar nada y ganar mucho, banqueros que no sabían de banca, políticos que sólo sabían de cuentas bancarias, las suyas, preferentemente. La limpieza, que de hacerse en su momento no hubiera sido muy traumática, ha generado terribles daños colaterales. El mal estaba tan arraigado y extendido, que para extirparlo ha hecho falta limpiar el problema y sus alrededores. Volviendo al apartado empresarial, de los tres tipos de "empresarios" que pululaban por nuestra economía, han caído enseguida los que sólo servían para cuando soplaba el viento a favor y los especuladores. La mayoría de los que quedan son de los clásicos, de los de trabajar mucho y ganar poco. Esos cimientos, que haberlos haylos, se ven mucho mejor ahora, cuando el viento de la crisis ha soplado fuerte, se ha llevado la paja y ha dejado a la vista el trigo. Aunque todavía no son todos los que están, y algunos de los que eran buenos empresarios han caído también, como muy injustos daños colaterales, el panorama deja su parte buena. Y es que entre los que todavía pagan las nóminas y los impuestos y los ivas y la seguridad social, y los mil etcéteras, hay fuerza y conocimiento para volver a dirigir el carro empresarial hacia un futuro mejor. Por mucho que más allá de nuestras fronteras nos tachen a todos los españoles de vagos y corruptos, no debemos dejarnos engañar por los insultantes cantos de sirena. Desde dentro sabemos que tienen motivos para colocarnos esas y otras etiquetas más rotundas, pero también sabemos que podemos hablar, con la misma o más rotundidad, de gigantescos empresarios. Esos que se matan a pensar para mantener dos puestos de trabajo en vez de uno, y hacerlo, y eso es ya el doble mortal sin red ni nada, con dignidad recíproca. Hay que repetirlo cuantas veces haga falta, ante la corriente de lodo que lo salpica todo y a todos: Quedan excelentes profesionales, buenos empresarios y buenas empresas, gente preparada y con ganas de trabajar, personas honradas y éticas, dispuestas a crecer sin olvidarse de la responsabilidad social que nos atañe a todos y cada uno de nosotros. Los que no han querido o no han sabido caer en el atractivo paraíso de cartón piedra, tienen hoy más valor que nunca, en ambos sentidos. Hay que buscar mucho, es cierto, pero también quedan motivos para construir esperanza. En cuanto nos dejen en paz.