Este bendito sector y sus profesionales suman menos votos que otros colectivos, mucho menos productivos pero bastante más ruidosos. Si a esta realidad sumamos otra mucho más evidente que es la tendencia que tenemos a alejarnos cuanto más mejor de ese mundillo pastoso, para que nos dejen trabajar con tranquilidad, eficiencia y productividad (ya saben, la antítesis de muchas prácticas política), pues está el lío armado.Cada cambio de Gobierno genera relevos en las altas esferas, pero también en el resto de escalones de la administración... hasta niveles insospechados. Lo que desde el exterior parece que se puede limitar al cambio de los primeros espadas, en realidad supone un desbarajuste de primer nivel que alcanza a casi todos.No critico los cambios, incluso me parece lógico que se produzcan. Es normal que un alto cargo llegado a su nueva responsabilidad quiera rodearse de su personal de confianza y que pretenda prescindir del equipo de su antecesor, pero lo que no se puede hacer es caer en la tentación de pensar que se tiene que cambiar todo y que nada de lo "viejo" sirve ya.Si algo hay que podemos exigir a nuestros dirigentes es que sean capaces de gestionar con la máxima eficiencia, obteniendo el mayor rendimiento posible con los recursos disponibles, aunque sean escasos. Y eso, siempre, pasa por conocer al equipo, descubrir sus debilidades y fortalezas y actuar en consecuencia. Llegados a este extremo, si se tiene la certeza de que un cambio va a mejorar la gestión, pues adelante. Si es posible, claro.Suele suceder, y también es algo absolutamente normal, que el recién llegado a un cargo directivo sea incapaz de descubrir por sí mismo cuál es la realidad de la gestión si no sale al exterior y pulsa el sentir de los agentes y colectivos directamente afectados por la actividad en cuestión. Para ello no hay nada como el diálogo abierto y sincero o el intercambio de ideas y proyectos. A partir de entonces, con toda la información, se pueden tomar decisiones, equivocadas o no, pero avaladas por un trabajo previo de investigación básica y coherente.La delegación del Gobierno en la Comunitat Valenciana, de nueva composición como en muchas comunidades autónomas, ha relevado a los responsables de muchas de sus áreas de actividad. Estos cambios han llegado hasta Sanidad Exterior o el Puesto de Inspección Fronterizo del Puerto de Valencia, hasta la fecha dirigidos por Froilán Vázquez y Javier Niño, respectivamente.En el tiempo que llevo vinculado a este sector, y ya son unos cuantos años, nunca había encontrado un consenso semejante entre transitarios, agentes de aduanas y operadores logísticos a la hora de calificar como "magnífica" la gestión de estos dos profesionales. Tanto es así que incluso les han atribuido la autoría de medidas que han sido fundamentales para mejorar los servicios, implementar procedimientos novedosos e incrementar la eficiencia en las inspecciones y el paso de las mercancías.Obviamente, no tengo nada que decir del nuevo responsable de Sanidad Exterior, Miguel Ángel Aragón. Le deseo toda la suerte del mundo, confío en que estará a la altura de su predecesor y que incluso será capaz de superarle. No tengo ninguna duda al respecto. Ahora bien, abro aquí una vía de pataleo legítimo, el mismo que me transmiten los agentes sectoriales, porque no se ha contado con ellos a la hora de practicar unos cambios tan sensibles en unos cargos especialmente técnicos y delicados. También ellos confían en el buen hacer del nuevo responsable, pero no pueden dejar de sentirse "ninguneados" por la política. Una vez más.