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Escala en la hemeroteca: Bilbao, 28 de julio de 1926

  • Última actualización
    28 julio 2026 05:20

En julio de 1926 la radio ya existía, pero Radio Barcelona EAJ-1, la primera emisora española, llevaba menos de dos años en antena y su influencia distaba mucho de la que tuvo después. La televisión pertenecía todavía a la imaginación de los inventores, internet era ciencia ficción y las redes sociales estaban en las tertulias de los cafés, los corrillos de los mercados o las conversaciones en los muelles. Lo que ocurría un lunes se leía el martes, y nadie hablaba de inmediatez porque, sencillamente, no existía.

Diario del Puerto tardaría 67 años en fundarse, en 1993. Quién sabe si dentro de otro siglo, en julio de 2126, alguien rebuscará en una hemeroteca las páginas que hoy publicamos y sonreirá al descubrir nuestras preocupaciones por la IA, la descarbonización, los corredores ferroviarios o la crisis de Ormuz. Pero si miramos cien años hacia atrás el resultado es tan revelador como entrañable. Basta leer El Pueblo Vasco o El Noticiero Bilbaíno de tal día como hoy, 28 de julio, pero de 1926, para comprobar que entonces aún nadie hablaba de logística como hoy la entendemos. Existía el transporte, el comercio, los vapores, los muelles, los ferrocarriles y las mercancías. Y sobre todo, la convicción de que el puerto era una herramienta para crear riqueza y unir Bilbao con el mundo. Eso no ha cambiado.

Entre las noticias, hay una que hoy ocuparía minutos de televisión y cientos de mensajes en redes sociales. El 28 de julio de 1926, El Pueblo Vasco relataba la desaparición del segundo oficial del carguero sueco “Esbjorn”, que descargaba madera en el muelle de Ripa, en el centro de Bilbao. Una pelea con un marinero terminó involucrando a toda la tripulación. El oficial, acorralado, se lanzó al agua y desapareció. El periódico describía con detalle la llegada de una camilla del Hospital Civil de Basurto y los inútiles intentos por encontrarlo. Curiosamente, El Noticiero Bilbaíno ofrecía otra versión distinta, por la que el oficial había sido arrojado a la ría por la tripulación y finalmente rescatado.

El Pueblo Vasco relataba el 28 de julio de 1926 la desaparición del segundo oficial del carguero sueco “Esbjorn” en el muelle de Ripa en Bilbao

Esta tragedia convivía con la rutina del puerto. Los diarios informaban de la llegada de vapores con fosfatos desde Brest, bacalao desde Islandia y madera del Miño. Otros zarpaban rumbo a Cardiff cargados de mineral o a Róterdam con las bodegas llenas. El puerto era ya un engranaje que unía el Nervión con el Atlántico norte, mientras el vapor-correo holandés “Spaardam” hacía escala camino de Cuba. Breves líneas, casi telegráficas, que dibujaban el mapa comercial de una ciudad abierta al mundo.

Y, entre noticia y noticia, asomaba el futuro. El ferrocarril Bilbao-Portugalete avanzaba hasta Santurtzi y el futuro ramal que daría acceso directo al entonces Puerto Exterior, inaugurado el 21 de diciembre de aquel mismo año tras construir un túnel de cerca de un kilómetro bajo Portugalete; una suerte de Variante Sur Ferroviaria, pero de hace un siglo. Ya se discutía sobre conectividad ferroviaria, inversiones públicas e infraestructuras estratégicas. La Dictadura de Primo de Rivera utilizaba las obras públicas como escaparate de modernización y los puertos eran, como hoy, objeto de decisiones políticas, económicas y territoriales.

Quizá esa sea la mayor enseñanza de aquella vieja prensa impresa en plomo. Cambian los barcos, las mercancías, las palabras y las tecnologías. Los vapores y telegramas de ayer son hoy megabuques y plataformas digitales. Pero los puertos siguen sirviendo para lo mismo: acercar personas, mover mercancías y abrir oportunidades. Y, por suerte, también para recordarnos, cien años después, que detrás de cada estadística siempre hubo una historia humana.