Este nuevo capítulo de conflictividad laboral en un puerto español será debatido este martes en una asamblea del sindicato Coordinadora con la asistencia de su líder, Antolín Goya, en la que se analizará qué repercusiones pueden tener para el puerto andaluz estas decisiones de “traslados sistemáticos de la gestión y planificación hacia la terminal de Tánger Med”, como denuncia el comité y sobre las que la dirección de APM Terminals aún no se ha posicionado públicamente.
De ser ciertas, estaría justificado el temor de los trabajadores a una pérdida de competitividad de la terminal española frente a la marroquí, pero al mismo tiempo, sólo la convocatoria de huelga ya menoscaba esa competitividad. Más, si el paro se ejecuta. Es de suponer que, antes de adoptar una acción de este calado, ha habido un proceso de comunicación y diálogo en el que la empresa ha informado a los trabajadores sobre los cambios estratégicos en la gestión y la organización de su actividad.
Sin embargo, acciones como las que denuncian los sindicatos, no por no deseadas por los trabajadores y el resto de la comunidad portuaria, son perfectamente legítimas en un contexto de libre competencia empresarial y responden a la necesidad y al libre derecho de la empresa a decidir su modelo organizativo.
¿Qué es el Puerto de Algeciras sino un producto de la globalización? ¿Y tantos otros puertos de España? ¿Y tantos puestos de trabajo en los puertos? ¿Y en la estiba...?
En el preaviso de huelga, entre los cuatro objetivos y fines de la convocatoria se menciona: “No al movimiento de tareas a otras ciudades o países, no a la globalización”. Un brindis al sol. Otro alarde de ingenuidad. Porque, ¿qué es hoy en día el Puerto de Algeciras sino un producto de la globalización? ¿Y qué son tantos otros puertos de nuestro país? ¿Y tantos puestos de trabajo en los puertos? ¿Y en la estiba...?
La cuestión aquí es que la globalización no se puede pedir a la carta. Ya viene en el menú del día. No es una foto fija en la que podamos admirarnos, complacientes y satisfechos, por nuestros méritos o por simple fortuna. Es una foto que cambia. Y no siempre para mejor. Lo sabe bien España, que durante décadas fue bendecida por la globalización, la deslocalización y la búsqueda del mayor beneficio empresarial al menor coste. El problema, a veces, es cuando el vecino de enfrente tiene las mismas ambiciones o más, tiene tantas ganas de trabajar o más, y además le cae más “simpático“ al capital porque hace lo mismo, o más, por menos. Eso, es la globalización, amigo.
Pero no sólo es eso. Como ha dicho alguna vez el presidente de la Autoridad Portuaria Bahía de Algeciras, Gerardo Landaluce, Tánger-Med “es una cuestión de Estado” para Marruecos. Y ahí, más que de globalización, hablamos de reglas de juego en términos de competencia. Dicho esto, APM Terminals hará lo que crea más oportuno para sus propio beneficio en Algeciras y Tánger. En su legítimo interés. Aunque “el corazón del negocio“, como dicen los trabajadores, se vaya donde sus “compañeros de enfrente, al vecino, a la competencia”. Eso, es la globalización, amigos.