La Navidad, el Año Nuevo. los Reyes y todo eso está muy bien. Muy santo y muy sabio todo, pero mi año laboral, empieza en septiembre. Y que cada cual que empiece el suyo cuando quiera. Hoy, la faena debe estar ya hecha. Los números salvados, la conciencia tranquila. Si no es así, malamente se podrá solucionar la cosa en los últimos meses del año. Como digo, 2027 comienza, empresarialmente hablando, en septiembre de 2026. Es en ese mes cuando se activan estrategias, novedades, contrataciones, cambios... pensando ya en un mejor futuro inmediato.
Lo de agosto no es un punto y seguido, es un punto final, para que así septiembre pueda ser el nuevo principio de todo. Aunque lo podamos volver a hacer a primero de 2027, no nos resistimos a lanzar un primer balance, ahora, de los meses que llevamos consumidos de 2026. Lo que más destaca, es el fracaso de las globalidades y el éxito de lo local. Los puertos, los nodos logísticos, han superado con buena nota lo que va de año. Eso sin tener en cuenta los problemas añadidos que nos han traído las meteduras de pata de los mandatarios globales. Si tenemos en cuenta ese matiz, la nota del sector es ... la máxima.
La supervivencia local dentro de la chaladura global es lo más relevante, motivador y esperanzador que tenemos en este 2026. Las notas en clave global no pueden ser, en contraposición, más nefastas, a juego con los que manejan el cotarro. Entre guerras, aranceles subiendo y bajando, ETS y otras ocurrencias, volvemos a concluir que lo mejor que pueden hacer nuestros mandatarios es que nos dejen en paz.
La supervivencia local dentro de la chaladura global es lo más relevante, motivador y esperanzador que tenemos en este 2026.
Si hay que concretar un deseo para la vuelta a la actividad, para los primeros trabajos pensando en 2027, para pedirle a Papa Noel o a los Reyes Magos, concretaríamos en algo tan sencillo, tan humilde y tan inalcanzable como que nos dejen en paz. Que no inventen más tasas, más aranceles ni más fronteras. Que ellos pasarán, esperemos que más pronto que tarde, pero el comercio internacional, la logística, ha de sobrevivirles a ellos, como a todos. Nuestro sector solo necesita que le dejen seguir moviéndose, nada más. Que no se cierre ningún canal, estrecho o acceso. Que los puertos reciban con garantías de paz y seguridad a las conexiones con todo el resto del mundo.
Tan solo con imaginar que el estrecho de Ormuz se abre, que cada barco puede elegir la ruta a seguir, que los aranceles, tasas, impuestos o chantajes se conocen claramente y con la debida antelación, se nos hace la boca agua y se nos encharcan los ojos de emoción. ¡Ay si nos dejaran en paz!
No le quiero chafar la guitarra a nadie, pero ya les adelanto que va a ser que no. Que estos chalados al timón han llegado para quedarse, con votos o sin votos. Por narices. Que entre los mimbres que tenemos para construir el futuro, a partir de septiembre, insisto, están un puñado de mandatarios desquiciados, normativas europeas antieuropeas, africanas competencias feroces, dopadas de legislaciones laxas, guerras variadas y crecientes, combustibles con precios especialmente inestables y aranceles más inestables que un noviazgo de futbolista.
Todo un cúmulo de “alicientes” para no volver en septiembre si no es con las fuerzas, la ilusión, la sabiduría y la profesionalidad a tope. No habrá, ya os adelanto, lugar para desanimados, mediocres o pusilánimes.
Por todo y por eso, se hace imprescindible darnos en el mes que empieza mañana el mayor homenaje posible. Que así sea. Nos vemos en septiembre. A tope.