España tiene un sistema portuario con una alta conectividad, como reflejan de forma periódica los índices publicados por la UNCTAD, y este no es un dato menor, ya que aporta a nuestro país poder económico y una elevada competitividad para atracción y consolidación de tráficos marítimos, o sea, una herramienta imprescindible para facilitar las importaciones y exportaciones de nuestras empresas.
La conectividad radioeléctrica y la infraestructura digital son elementos necesarios y esenciales para las actividades diarias de nuestro tejido empresarial, institucional y familiar. Administraciones y empresas acometen grandes inversiones en tecnología punta en nuestros puertos, mientras hay zonas rurales y periurbanas que padecen cobertura telefónica y radioeléctrica muy deficiente. Nuestra España vaciada tiene una enorme oferta de suelo y de viviendas, que sería atractiva para una parte de la población, pero reclama mejores infraestructuras viarias y ferroviarias y, al mismo tiempo, mejoras sustanciales en la conectividad, con un mayor ancho de banda y más y mejores antenas de telefonía. Esta desigualdad territorial digital lastra las oportunidades de gran parte de la población española y pone trabas a las iniciativas empresariales y al desarrollo económico. Es una tarea pendiente para todas nuestras administraciones.
Pero este problema no es exclusivo del mundo rural. Grandes ciudades tienen problemas de pérdidas de señal en muchas zonas urbanas, por no mencionar en túneles, transporte suburbano o ascensores, donde la cobertura es muy deficiente y lo habitual es que la señal se corte o se debilite. En las estructuras subterráneas de hormigón, la radiofrecuencia disminuye a menos que haya repetidores o sistemas de antenas internas; y también en ascensores metálicos o cabinas cerradas, donde el efecto jaula de Faraday bloquea las ondas de radio.