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Infraestructuras de primer nivel, conectividad de segunda

Logístico

Albert Oñate
  • Última actualización
    23 febrero 2026 05:20

España tiene un sistema portuario con una alta conectividad, como reflejan de forma periódica los índices publicados por la UNCTAD, y este no es un dato menor, ya que aporta a nuestro país poder económico y una elevada competitividad para atracción y consolidación de tráficos marítimos, o sea, una herramienta imprescindible para facilitar las importaciones y exportaciones de nuestras empresas.

La conectividad radioeléctrica y la infraestructura digital son elementos necesarios y esenciales para las actividades diarias de nuestro tejido empresarial, institucional y familiar. Administraciones y empresas acometen grandes inversiones en tecnología punta en nuestros puertos, mientras hay zonas rurales y periurbanas que padecen cobertura telefónica y radioeléctrica muy deficiente. Nuestra España vaciada tiene una enorme oferta de suelo y de viviendas, que sería atractiva para una parte de la población, pero reclama mejores infraestructuras viarias y ferroviarias y, al mismo tiempo, mejoras sustanciales en la conectividad, con un mayor ancho de banda y más y mejores antenas de telefonía. Esta desigualdad territorial digital lastra las oportunidades de gran parte de la población española y pone trabas a las iniciativas empresariales y al desarrollo económico. Es una tarea pendiente para todas nuestras administraciones.

Pero este problema no es exclusivo del mundo rural. Grandes ciudades tienen problemas de pérdidas de señal en muchas zonas urbanas, por no mencionar en túneles, transporte suburbano o ascensores, donde la cobertura es muy deficiente y lo habitual es que la señal se corte o se debilite. En las estructuras subterráneas de hormigón, la radiofrecuencia disminuye a menos que haya repetidores o sistemas de antenas internas; y también en ascensores metálicos o cabinas cerradas, donde el efecto jaula de Faraday bloquea las ondas de radio.

La conectividad en túneles, transporte público y espacios cerrados forma parte de la infraestructura crítica de la ciudad

Quisiera citar el ejemplo del túnel de Glòries en Barcelona, una obra que costó 192 millones de euros y cuya ejecución llevó 7 años. Por ella transitan (o transitamos) diariamente unos 80.000 vehículos y todos sufrimos cortes en las llamadas telefónicas e interrupción de la señal de radio. Y hay que considerar el enorme riesgo que supone, que alguien necesite llamar al 112 por cualquier emergencia y la señal no responda de forma inmediata. En un entorno donde la conectividad móvil es imprescindible, la pérdida de señal en una infraestructura de este nivel resulta, como mínimo, preocupante.

No se trata de un problema exclusivamente barcelonés. En Madrid, con infraestructuras como la M-30 o su extensa red de metro, también se han necesitado años de inversión adicional para garantizar cobertura móvil en todos sus tramos subterráneos. Y aunque se observan mejoras, aún estamos lejos de poder afirmar que la conectividad sea plenamente satisfactoria.

Si esto ocurre en ciudades punteras y modernas como Madrid y Barcelona, imaginemos la situación en muchas ciudades de menor tamaño, en los pueblos de cualquier provincia española o en una gran parte de nuestra red viaria. Grandes metrópolis internacionales han entendido que la conectividad en túneles, transporte público y espacios cerrados forma parte de la infraestructura crítica de la ciudad, y que su adecuada implantación incide directamente en la seguridad, la eficiencia y la competitividad urbana.

Mejorar la conectividad radioeléctrica no solo es una cuestión tecnológica: es una inversión en cohesión territorial, seguridad y competitividad económica.