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Intentos de robo, injusticias y abogados

  • Última actualización
    25 febrero 2026 05:20

Posible robo. Consignábamos un buque de granel en descarga. Sobre las tres de la madrugada sonó mi teléfono. Era la policía portuaria que me informaba de que a bordo se había intentado cometer un robo y creían conveniente que yo me personara en el muelle. Por supuesto les dije que inmediatamente iba para el atraque.

Cuando llegué me encontré que el barco tenía todas las luces encendidas y la policía portuaria había retenido en un furgón a dos individuos, los cuales se habían subido a bordo con el ánimo de robar, pero fueron descubiertos por un tripulante que dio la voz de alarma y parte de la tripulación los persiguió a bordo. Al verse acorralados, saltaron desde la borda a tierra, lesionándose ambos. El capitán me dijo que, como finalmente no habían robado nada, no quería involucrase en el hecho por si ello le representaba alguna posible demora en la salida. Los policías portuarios optaron por llevarlos a un hospital y creo que los dejaron marchar cuando estuvieron curados. A partir de entonces el capitán dio la orden de subir la escala por las noches cuando todos los tripulantes estuvieran a bordo.

Al final los posibles ladrones tuvieron suerte...

Cruceros. Al principio de que empezaran las escalas de los cruceros en Valencia, logramos la consignación de una compañía muy conocida en el Mediterráneo a través de su agente general para España, situado en otra capital fuera de Valencia. En mi oficina nos volcamos todos en atender las escalas de estos cruceros.

Compramos incluso las acciones de una agencia de viajes llamada “Viajes Nit”, pues entendíamos que podríamos conseguir pasajeros locales en favor del armador. Así fue. Todo iba bien, hasta que un día los agentes generales me informaron que “posiblemente” iban a cambiar de consignatario en Valencia. Tuvimos varias reuniones en las que yo pedía los motivos del cambio de postura. Al final me lo dijeron. Tuvieron que reconocer el motivo de su decisión. Otro agente general en Madrid les ofrecía una agencia importante en su puerto, a cambio de que ellos les dieran la de Valencia que teníamos nosotros. Era un trueque. Me llegaron a decir que si yo les podía dar una buena consignación en su puerto, ellos preferían Roca Monzó. Nosotros en aquel entonces no teníamos esa posibilidad. Se consumó la tragedia y perdimos la agencia. Mi disgusto fue enorme. Lo consideré una injusticia después del gran trabajo que habíamos realizado nosotros. Pensé en denunciar el caso a los armadores, pero finalmente preferí callar.

Con una dirección firme y la extraordinaria colaboración de todos el tema se resolvió

Prácticos. En las salidas de los barcos hay que llevar cuidado. Recuerdo que cuando los buques LASH atracaban en muelle para descargar o cargar containers, los capitanes estaban obsesionados por no perder nada de tiempo en la escala. En una de ellas estaba yo con uno de mis empleados a bordo del buque, con la entrega y explicación de los manifiestos y copia de los conocimientos originales de la carga embarcada, recibiendo de ellos cartas de los tripulantes para franquear y tirar. También repasábamos una especie de “statament of facts”, que realizaban. Cuando terminamos y fuimos al portalón, observamos asombrados que el barco ya estaba maniobrando y por supuesto tenía la escala subida y trincada.

Avisaron al puente que los agentes tenían dos personas a bordo. Tras un breve silencio, del puente contestaron que nos acompañasen al punto de la cubierta por donde había subido el práctico y que bajásemos por la escala de gato, ya que la canoa de prácticos esperaba bajo. Nunca he admirado más a los prácticos que a partir de entonces, por el uso contino que tienen que hacer subiendo y bajando de los barcos a través de este tipo de escalas. Nunca me ha parecido una obra muerta más alta.

Llegamos felizmente a la canoa de prácticos, que nos acercó al muelle más próximo.

Abogados. Durante los tiempos difíciles de mi empresa, contábamos con un abogado de toda confianza que tenía sus oficinas en el casco antiguo de Valencia. Me avisó que un día determinado debería ir a sus oficinas a las seis de la mañana para tratar con él un tema importante. No me extrañó la hora pues sabía que él madrugaba mucho. Cuando llegué tenía una serie de documentos y escritos preparados para que yo los firmase. Se trataba de solicitar al Juzgado una “suspensión de pagos voluntaria”, hoy “concurso de acreedores voluntario”.

Comenté largamente el tema con mi abogado y al final le dije que no firmaba, pues entendía que podía ser el final de mi empresa en un mundo tan competitivo como en el que estábamos sumergidos. A partir de entonces estudié a fondo la lista de acreedores. Me dediqué exclusivamente a visitarles a todos personalmente. Me emocionaron las respuestas que recibí. Todos me dijeron que esperarían a que liquidásemos la deuda el tiempo que hiciera falta. Algunos me dijeron que yo mismo marcase una fecha. Con una dirección firme y la extraordinaria colaboración de todos, este tema lentamente se resolvió.