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Invertir en estar bien informado

  • Última actualización
    03 julio 2026 05:20

Las poquísimas veces que miro las redes sociales aumenta mi pánico a que siga creciendo la polarización y el extremismo. El manejo, casi exclusivo, de superlativos, el maniqueísmo total y el odio sin medida me llevan a una creciente preocupación. A esto hay que añadir la tendencia de los jóvenes, sobre todo, a beber solo de esa fuente inmediata y fresca pero envenenada. Si sumamos los mensajes totalitarios, radicales, absolutos, simples, con las mentes más influenciables, tenemos una bomba de relojería. La evolución de la comunicación nos lleva, cada día más, a recordar los 11 principios de la propaganda de Joseph Goebbels, el profeta de la divinidad que, para muchos, demasiados, fue Adolf Hitler. Casi nada. Goebbels fue tan culpable, o más que Hitler en todo lo que se hizo con la mente de millones de alemanes, adoctrinándoles en el fanatismo gracias a un par de ideas simples, que acarrearon consecuencias especialmente catastróficas. Los principios de propaganda del jodido enano diabólico están hoy más vigentes que nunca, con el problema añadido de que hoy se cuenta con redes sociales, la pólvora con la que hubieran soñado los propagandistas de entonces y que están gozando, usando y disfrutando los extremistas de ahora.

Para que vean que no exagero, les reproduzco uno de esos principios de la propaganda de Goebbels, el principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. En un mundo donde no somos capaces de prestar atención a nada que sea largo, complejo o profundo, este principio se usa por unos y otros más que nunca.

Es una imperiosa necesidad, casi por encima de cualquier otra, seleccionar los medios y los mensajes que consumimos

Es una imperiosa necesidad, casi por encima de cualquier otra, eso de seleccionar los medios y los mensajes que consumimos. Nos va la vida y el futuro en ello. Debemos meternos en la cabeza la conveniencia absoluta de suscribirse a un par de medios generalistas para informarnos bien. Pagar por la buena información es la más barata inversión que podemos acometer. Las redes sociales son gratis, por eso, entre otras razones, los jóvenes recurren a ellas para, según ellos, informarse; cuando lo que están haciendo es fomentar la ignorancia y el consiguiente radicalismo. No debemos olvidar que cuando un producto es gratuito, cuando no sabes lo que te venden, puede ocurrir que el producto, realmente, seas tú.

Elegir, cotejar, examinar los mensajes recibidos nos llevará a configurar ideas y criterios fundamentados y de sólida verdad. Nada hay más barato que la buena información. Si nos parece caro pagar el equivalente a un par de copas por estar informados un año, deberíamos recordar qué ocurre cuando se dejan las mentes en manos de dementes, sin defensas ni filtros.

Hemos nombrado uno de los principios de propaganda de Goebbels que la torpeza humana ha vuelto a poner en el candelero. Podíamos haber citado cualquier otro, porque hoy vuelven a aplicarse prácticamente todos. No queda otra defensa que poner barreras de buena información ante los que quieren comernos la cabeza para llevarnos en rebaño a donde ellos quieran.