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La gata Flora

  • Última actualización
    22 mayo 2026 05:20

El pasado miércoles, la Autoridad Portuaria de Valencia celebró un nuevo Consejo de Administración. Hubo novedades de las que pudiéramos considerar rotundamente positivas, como la adjudicación de la construcción y explotación de una planta de renovables a Five Next Solutions-UCO Trading Spain, en Sagunto. Con una inversión prevista de 20 millones de euros, este proyecto subraya así la apuesta de la Autoridad Portuaria de Valencia por las energías alternativas y la descarbonización de los puertos de Valencia, Sagunto y Gandía. En abril, además, según se informó en el mencionado Consejo, se ha constatado otra noticia que debiera considerarse, creo, como buena, sobre todo bajo el enfoque ciudadano y medioambiental: el incremento en más de un 20% del tráfico ferroviario. Hasta ahora, juraría que estos aspectos medioambientales eran los que más ocupaban y preocupaban a la prensa generalista, que se supone receptora y generadora de opinión pública. Que yo recuerde, no he visto grandes titulares destacando los rotundos incrementos de tráfico que se suelen producir en los puertos. Siempre se ha transmitido que eso de que haya más actividad, más movimiento de mercancías, más generación de empleo y riqueza, era algo totalmente secundario. Que lo que realmente importaba era la densidad del humo de la chimenea de este o aquel crucero. Por eso me llama la atención cómo la prensa generalista exigía ayer explicaciones sobre la bajada de tráficos del pasado mes de abril. De repente, los tráficos importan. Se piden análisis en profundidad y explicaciones concretas. El hecho de que se haya activado una guerra más, que tiene bloqueado el Estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más importantes del mundo, no es suficiente. Se exige más detalles, más dato, más información para ver a qué es debido esa bajada de tráficos en abril. Nadie pidió nada parecido en los meses, casi todos, en los que los informes estadísticos subrayaban un crecimiento continuado de la actividad en los mulles.

No cabe duda de que los puertos se la juegan tanto o más con los vecinos que con los grandes cargadores. Un colectivo vecinal, una asociación ecologista que, aunque no tenga socios, tenga una buena comunicación, puede cargarse una presidencia de este o aquel puerto, centrando sus ataques en este o aquel clavo ardiendo. Y todo ellos sin que entre esos temas que merecen su ira o su aplauso haya figurado, hasta ahora, el nivel de actividad.

Ya no sabemos si la sociedad quiere que haya más movimiento de mercancías o menos

Tengo cada día más claro que la figura, inexistente hasta ahora, del comercial social, podría ser determinante para conseguir sintonía de los puertos con su entorno y así poder caminar de la mano teniendo claro que los intereses son comunes. Hasta que eso no llegue, habremos de seguir con la idea de que quien quiere fomentar la inquina hacia este o aquel recinto portuario, lo hará en función de matices incontrolables, fundamentados en filias y fobias hacia este o aquel dirigente portuario en particular o hacia el concepto puerto en general. Complicado tenerlos contentos cuando pareciera que la raíz de los ataques parece personal, nada de negocios.

El próximo mes, o el otro, volverán, como las oscuras golondrinas, los tráficos en positivo o en muy positivo. Veremos entonces cuántos son los que piden una urgente rueda de prensa para que la autoridad portuaria explique a los ciudadanos todo lo mucho y bien que se ha hecho para llegar a esos datos tan buenos.

Parece que está ocurriendo con esto de la mercancía lo mismo que ya pasa con los turistas: que no sabemos si la sociedad quiere que haya más movimiento o menos.

Cuánto me acuerdo de la gata Flora.