El pasado miércoles, la Autoridad Portuaria de Valencia celebró un nuevo Consejo de Administración. Hubo novedades de las que pudiéramos considerar rotundamente positivas, como la adjudicación de la construcción y explotación de una planta de renovables a Five Next Solutions-UCO Trading Spain, en Sagunto. Con una inversión prevista de 20 millones de euros, este proyecto subraya así la apuesta de la Autoridad Portuaria de Valencia por las energías alternativas y la descarbonización de los puertos de Valencia, Sagunto y Gandía. En abril, además, según se informó en el mencionado Consejo, se ha constatado otra noticia que debiera considerarse, creo, como buena, sobre todo bajo el enfoque ciudadano y medioambiental: el incremento en más de un 20% del tráfico ferroviario. Hasta ahora, juraría que estos aspectos medioambientales eran los que más ocupaban y preocupaban a la prensa generalista, que se supone receptora y generadora de opinión pública. Que yo recuerde, no he visto grandes titulares destacando los rotundos incrementos de tráfico que se suelen producir en los puertos. Siempre se ha transmitido que eso de que haya más actividad, más movimiento de mercancías, más generación de empleo y riqueza, era algo totalmente secundario. Que lo que realmente importaba era la densidad del humo de la chimenea de este o aquel crucero. Por eso me llama la atención cómo la prensa generalista exigía ayer explicaciones sobre la bajada de tráficos del pasado mes de abril. De repente, los tráficos importan. Se piden análisis en profundidad y explicaciones concretas. El hecho de que se haya activado una guerra más, que tiene bloqueado el Estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más importantes del mundo, no es suficiente. Se exige más detalles, más dato, más información para ver a qué es debido esa bajada de tráficos en abril. Nadie pidió nada parecido en los meses, casi todos, en los que los informes estadísticos subrayaban un crecimiento continuado de la actividad en los mulles.
No cabe duda de que los puertos se la juegan tanto o más con los vecinos que con los grandes cargadores. Un colectivo vecinal, una asociación ecologista que, aunque no tenga socios, tenga una buena comunicación, puede cargarse una presidencia de este o aquel puerto, centrando sus ataques en este o aquel clavo ardiendo. Y todo ellos sin que entre esos temas que merecen su ira o su aplauso haya figurado, hasta ahora, el nivel de actividad.