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La liga del F.C. Sankt Pauli y el Real Avilés Industrial

  • Última actualización
    25 mayo 2026 15:19

Que el foot-ball lo inventaron los ingleses y que lo exportaron al mundo por mar, con vejigas de cerdo infladas y recubiertas con gajos de cuero cosidos a mano, es algo más que asumido. Como también lo es que muchas ciudades abiertas al mar, moldeadas por los barcos, los muelles y las gentes portuarias, acabaron trasladando esa misma identidad a sus clubes de fútbol. Cambian los idiomas, los tamaños y hasta las categorías, pero existe un hilo invisible que une a los puertos con sus equipos y a las ciudades con sus estadios.

La reciente celebración de TOC Europe en Hamburgo me volvió a confirmar esa sensación. El gran puerto hanseático, durante siglos referencia marítima de Europa y corazón comercial de la Liga Hanseática, sigue respirando poder portuario incluso cuando otros le han superado en cifras. Hamburgo conserva esa mezcla de orgullo marítimo, prosperidad y memoria industrial que también se percibe en sus clubes de fútbol.

De los dos grandes equipos de la ciudad, el Hamburger SV y el FC St. Pauli, uno acaba sintiendo cierta debilidad por el segundo, por el que se mueve lejos del poder establecido. No por ideologías ni pancartas. Sobre el césped la única doctrina válida sigue siendo la que dicta el balón. Lamenté no poder asistir al último partido de Bundesliga en el Millerntor-Stadion, situado entre mi hotel y la Messe Hamburg, apenas unos días antes de TOC Europe. El St. Pauli perdió y descendió. Pero al menos pude recorrer el estadio y el barrio que lo envuelve, ese histórico Saint Pauli portuario, rojo, mestizo y marinero.

Puertos, ciudades y equipos de fútbol juegan el mismo campeonato: el de intentar ser cada día mejores y más útiles para la comunidad

El FC St. Pauli nació en 1910 entre trabajadores del puerto, estibadores y marinos mercantes. Su famosa calavera pirata no deja de ser una metáfora perfecta de la ciudad marítima rebelde que representa. A pocos metros del estadio, desde los embarcaderos de Saint Pauli, parten los barcos turísticos que recorren durante dos horas las terminales del puerto y permiten casi rozar con la mano portacontenedores de más de 23.000 TEUs. Después se internan entre antiguos canales y muelles donde hace siglos se comerciaba con medio mundo. Hamburgo cambia, pero sigue siendo Hamburgo.

Y apenas 24 horas después, pasé de contemplar megabuques en HHLA Burchardkai a atender en el Puerto de Avilés la presentación de su Plan Estratégico 2030-2040. Otro país, otro puerto, otro equipo de fútbol, otro paisaje. Pero la misma ambición de servir a un territorio.

El presidente del Puerto de Avilés, Santiago Rodríguez Vega, reivindicó un plan “ambicioso” sin olvidar que “somos lo que somos”. Y el presidente de Puertos del Estado, Gustavo Santana, completó la idea diciendo que “el Puerto de Avilés es mucho”. Lo es porque cada puerto encuentra su utilidad en aquello que mejor sabe hacer. Hamburgo mueve gigantescos flujos globales de contenedores; Avilés acompaña desde su ría la transformación industrial, energética y logística de Asturias. Distintos tamaños. Misma función social.

También el fútbol dejó allí su metáfora. Mientras el St. Pauli descendía, el Real Avilés Industrial lograba salvar la categoría en Pontevedra con un empate a dos que de haberse saldado con victoria hubiera abierto las puertas de una liguilla de ascenso a Segunda División al Barakaldo CF que habría ilusionado a media Margen Izquierda de la ría del Nervión. Distintas ligas, distintos presupuestos y distintos focos mediáticos. Pero idéntica necesidad de pertenencia. Porque, en el fondo, puertos, ciudades y equipos de fútbol juegan siempre el mismo campeonato: el de intentar ser cada día mejores y más útiles para las personas.