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La logística, África y la paz

  • Última actualización
    06 febrero 2026 05:20

Lo único que hace que recordemos a los dirigentes políticos que pasan por los distintos gobiernos son las guerras. O metes o sacas a tu país de una guerra o no se acordará de ti ni dios. Si creen que exagero, díganme dos o tres gobernantes alemanes antes o después de Hitler o los presidentes de gobierno de antes o después de Franco.

Mientras, en los periodos entre guerras, se hace especialmente difícil distinguir grandes diferencias entre el legado de un gobernante u otro, sean del color que sean, de piel y político. Hablamos del tiempo de gobierno, no de la teoría vertida en apasionados mítines y en super ambiciosos programas electorales. Que una cosa es predicar y otra dar trigo. Cuando gobiernan, los cambios, profundos, reales, contundentes... los marca el mercado y la globalización. Las grandes crisis económicas son más mundiales que locales, por tanto, poco puede hacer un gobierno local y su propuesta de soluciones locales. Las mejoras o meteduras de pata que cada presidente consigue aplicar en su territorio son mínimas en comparación con lo que sería deseable. A los gobernantes, como a cualquier otro líder, habría que premiarles los grandes fracasos y castigarles los pequeños éxitos. Necesitamos grandes cambios. Rotundos. O eso o ver cómo se nos va todo por el sumidero. Esto no se arregla con tiritas o parches.

El consumo y el comercio rentable solo crecerán con la fuerza necesaria si dejamos respirar en paz a los mercados emergentes

Si en un anterior artículo apostábamos, como una de las soluciones al problema de la vivienda, por la optimización total del transporte y la logística, podemos reclamar hoy la potenciación total del comercio “de proximidad”, mediante la adecuada gestión política. Imaginar no cuesta dinero. Supongamos, por qué no, un continente africano en paz. Nuestro país, y todo ese continente, no necesitaría nada más para que la prosperidad se apoderara de la zona, a base de intercambios comerciales crecientes. Turismo y comercio se podrían multiplicar si las grandes potencias dejaran de remover el avispero de los señores de la guerra africanos. Las inmensas posibilidades de nuestro continente vecino se podrían activar de golpe, en importación y en exportación.

La máxima que siempre hemos defendido de que el comercio internacional está condenado a crecer, ya no es tan rotunda. Las cifras últimas de los tráficos portuarios muestran una curva de crecimiento que recuerda a la calma chicha. El consumo y el comercio rentable solo crecerán con la fuerza necesaria si dejamos respirar en paz a los mercados emergentes. Podríamos aspirar a que nuestros dirigentes internacionales pasaran a la Historia, en lugar de como generadores de guerras, como pacificadores reales de amplias zonas del planeta. Hablo de pacificadores reales, en guerras y conflictos reales. No necesitaríamos levantar la cabeza de nuestro entorno para convertir a España en una potencia logística total. Con el continente africano en paz, no necesitaríamos más mercados, ni de importación ni de exportación. Y estaríamos a salvo de aranceles inestables y de ocurrencias similares.

Parece que eso de vivir mucho mejor pasa, otra vez, por la buena política, por la gobernanza de calidad humana, esa que nos lleve, en primer y último lugar, a la paz total, justa y duradera. Todo demás vendría por añadidura, contando con lo que ya tenemos: una logística que funciona muy bien siempre que la dejen en paz.